Ramón Lagier, el capitán que cambió los mares por el campo de Elche sin renunciar a sus ideales
Marino mercante, protagonista de la Revolución Gloriosa de 1868, republicano y uno de los primeros divulgadores del espiritismo en España, Ramón Lagier Pomares pasó sus últimos años en Valverde y dejó una huella que todavía se conserva en la memoria histórica de la ciudad.
Hay personajes que merecen que nos detengamos un momento para conocerlos mejor. No solo por las grandes decisiones que tomaron o por los acontecimientos históricos en los que participaron, sino también por las contradicciones, las dificultades y las convicciones que marcaron sus vidas.
Ramón Lagier Pomares fue uno de ellos. Marino mercante, capitán de barco, republicano, escritor y espiritista, su biografía atraviesa algunos de los episodios más convulsos de la España del siglo XIX. Nació en Alicante, pero su historia está muy ligada a Elche, la tierra de su familia materna, donde pasó parte de su infancia y donde terminó estableciendo su residencia después de abandonar la navegación.
Murió en Elche el 28 de octubre de 1897, a los 76 años según las crónicas de la época. Hoy, más de un siglo después, su trayectoria permite acercarse a una época en la que las ideas políticas, la libertad de pensamiento y los cambios de régimen podían marcar profundamente la vida de una persona.
Su biografía está recogida en la Memoria Digital de Elche, vinculada a la Cátedra Pedro Ibarra de la Universidad Miguel Hernández, así como en diversos trabajos históricos y en documentos publicados durante los últimos años de su vida.
Una infancia entre Alicante y el campo de Elche
Ramón Lagier nació en Alicante en 1821. Era hijo de Ramón Lagier Calpena, un comerciante de ideas liberales, y de Teresa Pomares Sánchez, perteneciente a una familia propietaria de tierras en Valverde.
La situación política de aquellos años también influyó en su infancia. Su padre tuvo que exiliarse en Inglaterra tras los conflictos derivados del restablecimiento del absolutismo, una circunstancia que llevó a Ramón a crecer durante parte de sus primeros años junto a la familia materna en el campo ilicitano.
Aquella relación temprana con Valverde explica que Elche no fuera para él simplemente un lugar elegido al final de su vida. Era también una tierra vinculada a sus raíces familiares y a sus recuerdos de infancia.
Posteriormente regresó a Alicante para continuar su formación y encaminarse hacia la profesión que acabaría definiendo buena parte de su existencia: la navegación.
Con apenas 14 años se embarcó en el pailebote San José. En 1838 consiguió los certificados teóricos y prácticos que le permitieron ejercer como tercer piloto de comercio para mares europeos. Dos años después, en 1840, ya estaba al mando de La Esperanza, un buque propiedad de un armador de Villajoyosa.
Para un joven de aquella época, hacerse cargo de una embarcación mercante con esa edad suponía asumir responsabilidades considerables. Lagier se abrió camino en un mundo en el que la navegación exigía experiencia, conocimiento de las rutas y capacidad para afrontar situaciones peligrosas.
Un capitán reconocido por sus actuaciones en el mar
Durante las siguientes décadas, Lagier desarrolló una intensa carrera como marino mercante. Entre las embarcaciones que capitaneó figuran Joven Teresa, Encarnación, Pepito y el vapor Buenaventura, que años después quedaría asociado a uno de los episodios políticos más importantes de su vida.
Su trayectoria no estuvo vinculada únicamente al transporte marítimo. También protagonizó operaciones de salvamento que le dieron reconocimiento fuera de España.
La biografía recogida por la Memoria Digital de Elche señala que, en 1859, el Gobierno francés le concedió una medalla de plata y un diploma después de socorrer al buque francés Victor Henriette. La misma fuente recoge el reconocimiento de la naviera catalana por su participación en el salvamento de otras embarcaciones, entre ellas el bergantín Salvador y el vapor Marsella.
Estos episodios ayudan a comprender que Lagier había adquirido una reputación como profesional del mar antes de convertirse en protagonista de la política revolucionaria. Su nombre no llegó a la historia únicamente por sus ideas, sino también por una larga trayectoria en la marina mercante.
El hombre que puso su barco al servicio de la Revolución Gloriosa
La vida del capitán Lagier quedó unida a la Revolución Gloriosa de septiembre de 1868, el movimiento que terminó con el reinado de Isabel II y abrió una nueva etapa política en España.
En aquellos años, distintos sectores políticos y militares conspiraban contra la monarquía. Entre quienes participaron en esos movimientos se encontraba el general Juan Prim, con quien Lagier mantuvo una relación de amistad.
Las biografías históricas consultadas atribuyen al capitán un papel relevante en los preparativos de la revolución. Al mando del vapor Buenaventura, contribuyó al traslado desde Canarias hasta Cádiz de militares contrarios al régimen de Isabel II, entre ellos el general Francisco Serrano, para facilitar su incorporación al movimiento revolucionario.
No se trataba de una travesía comercial corriente. La operación formaba parte de una conspiración política que podía fracasar si sus protagonistas eran detenidos antes de llegar a su destino.
El relato publicado por Cayetano Martínez en noviembre de 1897, conservado en la Memoria Digital de Elche, recoge cómo la expedición temió encontrarse con fuerzas navales contrarias a la sublevación. Según esa narración, Lagier mantuvo la serenidad durante la travesía e infundió confianza a los hombres que transportaba.
Conviene recordar que ese texto es una semblanza biográfica de la época y utiliza un lenguaje claramente elogioso. Su valor reside en mostrar cómo fue recordado el capitán por sus contemporáneos, aunque sus episodios más dramáticos deben leerse con el debido contexto histórico.
La Revolución Gloriosa triunfó y provocó la salida de Isabel II de España. Lagier había puesto su embarcación y su profesión al servicio de aquel cambio político, pero el desenlace no significó que compartiera todas las decisiones de quienes llegaron después al poder.
Su ideario era republicano. La sustitución de la monarquía de Isabel II por otra solución monárquica, con Amadeo de Saboya como rey, no respondía plenamente a sus aspiraciones políticas.
La tragedia familiar y su acercamiento al espiritismo
Para entender al Lagier que acabó instalándose en el campo ilicitano también es necesario acercarse a los episodios personales que marcaron su vida. En este punto, sin embargo, conviene separar los datos biográficos recogidos por las fuentes de las acusaciones que aparecen en algunos relatos antiguos.
La epidemia de cólera que afectó a Alicante en 1854 fue una tragedia para su familia. Las biografías consultadas señalan que perdió a su esposa y a otros familiares, una experiencia que supuso un golpe personal muy duro.
Años después, mientras trabajaba en rutas marítimas relacionadas con Marsella, sufrió otra tragedia familiar. En los textos que se conservan aparecen las denuncias que él mismo formuló sobre las circunstancias de la muerte de uno de sus hijos y el trato recibido por sus hijas mientras estaban al cuidado de otras personas.
Estas acusaciones se recogieron en escritos y semblanzas vinculados a su propia memoria, pero la documentación consultada no permite presentarlas como hechos judiciales probados de manera independiente. Por eso, deben tratarse como parte de su testimonio y del relato biográfico construido alrededor de su figura, no como conclusiones acreditadas sobre responsabilidades penales.
Lo que sí está documentado es que Lagier desarrolló un profundo anticlericalismo y que el espiritismo ocupó un lugar importante en su vida posterior.
Durante su estancia en Marsella conoció El libro de los espíritus, publicado por Allan Kardec en el siglo XIX y considerado una obra fundamental del espiritismo moderno. Según las biografías dedicadas a Lagier, la lectura de ese libro influyó decisivamente en su forma de afrontar el sufrimiento y la pérdida.
La bibliografía espiritista le atribuye un papel en la introducción y difusión de esta obra en España, en una época en la que esas ideas encontraban oposición en determinados sectores religiosos y sociales. Se le relaciona especialmente con el vapor Le Monarch, cuya denominación contrastaba con sus posiciones republicanas.
Más que reducirlo a una etiqueta, resulta interesante entender cómo convivieron en él la experiencia del marino, las convicciones políticas y la búsqueda de respuestas personales a través de una doctrina espiritual.
Valverde se convirtió en su refugio
Después de años de navegación y actividad política, Lagier se retiró al campo de Elche. Las fuentes biográficas sitúan su residencia en una finca de la partida de Valverde y señalan que allí se estableció en torno a 1870.
Dejó atrás una vida marcada por los viajes, los conflictos políticos y las experiencias personales difíciles, pero no abandonó sus ideas. Su retiro no fue un silencio definitivo ni una renuncia completa a participar en la vida pública.
Desde su residencia ilicitana continuó escribiendo artículos, cartas y opiniones políticas. Defendía el republicanismo, cuestionaba la monarquía y mantenía una postura anticlerical muy marcada.
En sus escritos se aprecia a un hombre que había vivido en primera persona las convulsiones políticas del siglo y que observaba con desconfianza cómo evolucionaban los acontecimientos después de la revolución a la que había contribuido.
También se dedicó a la escritura literaria. Entre las obras que se le atribuyen figura Algún miedo la tuve. Escrita en el mar gobernando «El Monarca», publicada en Marsella en 1868. La bibliografía local menciona igualmente los dramas La cadena del crimen y Teresa o las apuestas.
Su producción escrita tiene un valor especial porque permite acercarse a sus ideas sin depender exclusivamente de los recuerdos que otros dejaron sobre él.
Un republicano que siguió escribiendo desde el campo ilicitano
La distancia respecto de los centros de poder no apartó a Lagier del debate público. Continuó colaborando en periódicos y mantuvo correspondencia con figuras del republicanismo español.
Entre las publicaciones con las que se le relaciona figuran La Unión Democrática y Las Dominicales del Libre Pensamiento, además de otros periódicos republicanos y espiritistas.
Uno de los documentos que mejor muestran que seguía interviniendo en la discusión política es un artículo publicado en La Justicia el 7 de mayo de 1896, cuando ya vivía retirado en Elche. En él volvió a defender sus convicciones republicanas y criticó con dureza la monarquía y la política española.
La monografía de Luis Pueyo García dedicada al capitán Lagier, publicada en la Memoria Digital de Elche, reproduce fragmentos de aquellos escritos y recoge la evolución de sus posiciones políticas.
Lagier no fue, por tanto, un personaje que desapareciera de la vida pública al abandonar el barco. El campo de Valverde se convirtió en el lugar desde el que siguió expresándose durante sus últimos años.
También tuvo relación con la vida institucional ilicitana. El 21 de marzo de 1886 se incorporó como vocal del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Elche, según los datos históricos recogidos por la Cátedra Pedro Ibarra.
Este detalle resulta significativo porque conecta su biografía con una etapa en la que Elche desarrollaba nuevas instituciones económicas y sociales. Lagier no era únicamente una figura conocida por sus aventuras marítimas y políticas; participó también en ámbitos de la sociedad local.
Sus últimos días y un entierro multitudinario
Ramón Lagier Pomares murió en Elche el 28 de octubre de 1897. La noticia de su fallecimiento tuvo repercusión más allá de su círculo familiar y político.
La prensa de la época describió un entierro que recorrió las principales calles de la ciudad y reunió a representantes del republicanismo, vecinos y comisiones llegadas desde localidades como Alicante, Crevillente y Santa Pola. La música acompañó el cortejo y hubo discursos en su memoria.
La crónica de La Correspondencia Alicantina, reproducida por la Memoria Digital de Elche, describió una manifestación de duelo poco habitual por su tamaño. El paso del cortejo ante el Círculo de Unión Republicana y su creciente afluencia camino del cementerio muestran la relevancia que el capitán conservaba entre quienes compartían o respetaban sus convicciones.
La muerte de Lagier fue recordada tanto desde el ámbito republicano como desde el espiritista. Cada uno de esos círculos encontró en su trayectoria motivos para reivindicarlo: unos destacaron su contribución a la lucha por las libertades políticas; otros, su defensa del espiritismo y la coherencia personal que atribuían a sus creencias.
Fue una despedida que reflejaba la complejidad de un hombre que había navegado entre mundos distintos y que, al final de su vida, ya formaba parte de la historia de Elche.
La memoria del capitán sigue presente en Elche
La historia del capitán Lagier no termina con su muerte. Su tumba en el Cementerio Viejo de Elche está documentada en la Memoria Digital de Elche, que conserva una imagen de su sepultura. Su nombre permanece también en el callejero ilicitano.
Otra pieza importante para reconstruir su vida es el trabajo de Pedro Ibarra, Apuntes para ilustrar la biografía del bravo capitán del Buenaventura, publicado a comienzos del siglo XX. Ibarra reunió cartas y materiales sobre Lagier, contribuyendo a preservar una memoria que, de otro modo, dependería en mayor medida de las crónicas periodísticas y de los relatos transmitidos por sus contemporáneos. El blog dedicado a Pedro Ibarra en la Universidad de Alicante recoge información sobre esta obra y su importancia documental.
Mirar hoy la figura de Ramón Lagier es acercarse a una persona que vivió en un siglo de grandes transformaciones y que nunca dejó de defender sus ideas, aunque estas no siempre coincidieran con las decisiones de quienes alcanzaron el poder.
Fue capitán mercante y participó en una revolución que cambió el rumbo de la monarquía española. También fue un hombre marcado por pérdidas familiares, que encontró en el espiritismo una respuesta a sus inquietudes, y un escritor que siguió interviniendo en el debate político desde su casa de Valverde.
Su historia une Alicante, el Mediterráneo y Elche. Y nos recuerda algo que a veces olvidamos cuando hablamos de historia local: detrás de los nombres de las calles y de las fechas de los libros hay personas reales, con ideales, dudas, heridas y decisiones que dejaron huella mucho después de su muerte.




