La justicia no es igual para todos cuando el poder marca la diferencia
Privilegios políticos y sensación de impunidad cuestionan la igualdad ante la justicia
Cuando unos pagan y otros no la justicia deja de parecer justa
Hay momentos en los que uno se queda sin palabras ante la injusticia que respira en el aire. Mientras algunos políticos son llevados ante los tribunales y cumplen con lo que la sociedad reclama —algo que cualquier persona con un mínimo de sentido común aplaude—, otros siguen disfrutando de privilegios que escapan a toda lógica.
Hablo de esos casos del PSOE, como Koldo y Santos Cerdán, que han pagado, están pagando o van a pagar por sus delitos (como debe ser y como queremos que sea). La justicia actuó, y eso nos parece bien. Es reconfortante saber que alguien responde cuando hay pruebas claras de corrupción, malversación o abuso de poder.
Pero luego miro a Carlos Mazón y siento un nudo en la garganta. Aquí hay un contraste brutal: mientras miles de personas sufrieron y siguen sufriendo las consecuencias de la DANA en Valencia, él esquiva la justicia, protegido por tecnicismos y formalidades, y mantiene pagas, coche oficial, oficina y un sinfín de ventajas que el resto de los ciudadanos solo podemos imaginar.
No se trata de juicios sumarísimos ni de venganza. Se trata de responsabilidad. De justicia real, humana. Los tribunales dicen que no hay indicios suficientes para procesarlo, que la ley distingue entre mala gestión y delito penal. Y es cierto, pero ¿acaso no deberían los cargos públicos asumir las consecuencias de sus decisiones cuando afectan a miles de personas? Cuando se pierde todo, cuando mueren seres humanos, cuando hay lágrimas y desesperación, la percepción de la justicia no puede ser sólo técnica: debe sentirse como justa, como cercana.
Porque la gente no quiere privilegios para nadie, y tampoco quiere que la justicia parezca ciega. La indignación no nace del odio ni del capricho; nace de ver cómo unos pagan sus errores y otros siguen acumulando ventajas mientras su gestión dejó un desastre humano y material detrás.
Y así, día tras día, uno se pregunta si realmente vivimos en un sistema donde la justicia es igual para todos. La respuesta, por desgracia, parece ser que no.
Paco Ciclón / AFPRESS


