El Misteri d’Elx ante el abismo, la EXCLUSIÓN DE MUJERES pone en jaque su futuro como Patrimonio de la Humanidad
Un conflicto que ya no admite silencios
La polémica que envuelve al Misteri d’Elx ha dejado de ser un debate local para convertirse en un escándalo internacional. La negativa del Patronato a admitir la participación de mujeres en la Escolanía y en los papeles de la Festa constituye un ejemplo evidente de discriminación estructural que contradice los valores contemporáneos de igualdad. Mientras organismos culturales alertan del posible riesgo para su título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, el Patronato continúa refugiándose en argumentos de “tradición” que ya no funcionan como escudo.
La tradición como excusa para perpetuar la desigualdad
El discurso oficial insiste en que la obra debe mantenerse “tal y como fue concebida”. Sin embargo, la supuesta conservación de una tradición no puede usarse para justificar exclusiones que responden a normas obsoletas y profundamente masculinizadas. Las leyes que antaño impedían el acceso de las mujeres a los espacios escénicos ya fueron superadas hace décadas, pero el Misteri sigue actuando como si la historia se hubiera detenido en la Edad Media.
La participación de mujeres: una cuestión de justicia y calidad artística
La incorporación de voces femeninas no solo es un acto de justicia social. Es también una mejora evidente para la interpretación musical de la Festa. Las tesituras femeninas enriquecerían la armonía coral y abrirían posibilidades expresivas que hoy permanecen bloqueadas por una norma injustificada. Lejos de “alterar” la esencia del Misteri, sumar talento femenino elevaría la calidad artística de la representación.
Un patrimonio en riesgo por decisión de unos pocos
UNESCO ha dejado claro en múltiples ocasiones que el respeto a los derechos humanos es un pilar irrenunciable del Patrimonio Inmaterial. Si el Misteri d’Elx insiste en sostener estructuras discriminatorias, será el propio Patronato quien habrá puesto en riesgo el título que asegura proteger. No se trata de atacar una tradición, sino de impedir que la desigualdad se disfrace de legado cultural.
Crónica: AFPRESS



