El amor en tiempos de red. Las ‘apps’ de citas han revolucionado el ‘flirteo’ tradicional

La era digital ha traído consigo un sinfín de aplicaciones que mientras que reservas un hotel en Booking, buscas relaciones o “lo que surja” por Tinder

Lo cierto es, que las ‘apps’ para ligar no es algo que haya surgido de manera inmediata, sino que llevan entre nosotros mucho más tiempo del que pensamos. El llamado “flirteo” es tan prehistórico como la propia humanidad, aunque cada época despliega sus herramientas particulares. Tinder, Grinder, Badoo, Happn y tantas otras aplicaciones que ya acumulan cientos de miles de descargas de usuarios en todo el mundo.

Actualmente estamos mucho más conectados a la red gracias a la llegada del Smartphone. Notificaciones, likes o comentarios, una relación constante con la tecnología que no cesa y que incluso ha acabado por infiltrarse en nuestra manera de buscar pareja, sexo o “lo que surja”. En realidad, todas buscan un objetivo común: que tus relaciones y vida social aumente considerablemente con uso de las ‘apps’.

Cristina Miguel, profesora de la Universidad Leeds Beckett y experta en cultura digital señala que, tras realizar varias investigaciones en las plataformas y perfiles de los usuarios, estos afirmaban que no sabían ligar, ni tampoco relacionarse fuera de internet y es por ello, que rechazaban la alternativa del flirteo tradicional (discoteca, gimnasio, bar…). Y aunque en realidad, el desarrollo y la fase de ligar no ha variado mucho, si lo ha hecho el volumen de gente que podemos conocer y claro, las opciones se han multiplicado por cuatro.

El arte de la seducción ha sido irrumpido por el gigante de lo digital y diversas aplicaciones, con Tinder a la cabeza que ya se encuentra como la ‘app’ con más ingresos después de Netflix, se han convertido en el nuevo espacio para la búsqueda de relaciones. La variedad, rapidez y exactitud que ofrecen, hacen que casi un tercio de las parejas en Estados Unidos que se casan hoy en día afirman haberse conocido de manera online.

Más conocido como Modern Love, esta tendencia a relacionarse vía red no solo se da en personas jóvenes, sino que también existen categorizaciones tanto por edad, género, preferencias, gustos, hobbies e incluso orientaciones sexuales para todos los públicos. Un estudio realizado por El Periódico señala que, dependiendo de la orientación de cada persona, los usuarios obtienen resultados distintos. Por ejemplo, normalmente las que más contacto, repercusión y feedback consiguen son las mujeres heterosexuales, seguidas de los hombres homosexuales. Mucho más alejados de estos, a una distancia considerable, se encuentran las mujeres lesbianas y los hombres heterosexuales. Un roll que parece indicar que hasta las ‘apps’ para ligar contienen clichés sociales.

Dichas aplicaciones se rigen por likes, matches, flechazos y mensajes de usuarios que desean conocerte. Desliza hacia la izquierda o la derecha y con un simple movimiento decides si la persona te interesa y deseas conocerla o, por el contrario, la rechazas para seguir buscando algo que te interese. Así de fácil. Tras esta primera criba, llega la duda que todo usuario se replantea a la hora de la verdad: “¿quién será la otra persona? ¿qué busca?”. El Periódico lleva a cabo la segunda parte del estudio en el que, de forma confidencial y anónima, responden a cómo ligan por internet. Las respuestas confirman algunos de los tópicos más significativos de la sociedad actual.

Tópico número uno: “Los hombres buscan sexo y las mujeres, pareja”. Y es que, en realidad, esta es una verdad a medias según revelan los datos de las encuestas. A pesar de que el 62% de los hombres corroboran frases como: “Uso aplicaciones para ligar para tener sexo sin compromiso” frente a un escaso 19% de las mujeres. Mientras tanto, cuando se trata de romanticismo, las cifras acaban igualándose comprendiendo un 41,2% en el caso de los hombres y un 49,2% en el de las mujeres. Lo cual revela que, en este caso, son los hombres quienes están más abiertos a tener relaciones sin compromiso.

Con el paso del tiempo, la concepción de casarse y formar una familia ha acabado por pasar de moda en cierto modo, y los soltero/as ya no sienten esa presión de tener que cumplir las expectativas que esperan de ellos. Por lo que, las ‘apps’ de citas no son solo una vía para encontrar pareja, sino un terreno de juego para el disfrute personal. “Las apps son una reproducción de la vida real, no hay reglas, no sabes lo que va a pasar”, revela la directora de Comunicación de la aplicación Happ, Claire Certain.

Tópico número dos: “El machismo sigue vivo”. Muchas de las respuestas son completamente dispares e indican que así es. Las malas experiencias de mujeres en sus primeras citas señalan que la insistencia en tener sexo la primera cita o el acoso, son las principales quejas y causas que les llevan a no querer continuar conociendo a esa persona. En el caso de ellos, revelan que sus malas experiencias en este tipo de apps están relacionadas con la apariencia: fotos retocadas o antiguas y perfiles con datos falsos.

Las ‘apps’ de citas han multiplicado las opciones de relacionarnos con cualquier persona, aunque eso no significa que siempre acaben con éxito. Y aunque la mayoría de respuestas en el estudio eran positivas, los datos también revelaban opiniones negativas. Mientras que el 43% de las mujeres no han visto cumplidas sus expectativas tras usar aplicaciones de ligue, el 28% de los hombres suscriben que sí han quedado satisfechos.

ADIÓS AL ROMANCE TRADICIONAL

Noel Ceballos señala en su artículo el concepto de “tinderización de los sentimientos”, el cual aparece reflejado en el ensayo de Alicia Eler y Eve Peyser. Un término que encaja con la revolución que ha supuesto que las ‘apps’ determinen la manera de relacionarnos con las personas que nos rodean y con el fenómeno que ha supuesto dejar en manos de la tecnología nuestra vida amorosa. Ambas señalan que este proceso no solo se centra en una cuestión estadística o un cambio cuantitativo o sociológico, sino de una alteración en los procesos psicológicos del ser humano que habrían provocado diferencias irreversibles en la manera en la que las personas persiguen el amor.

Una automatización completa que acaba provocando lo que conocemos como “disociación emocional”: una desconexión sufrida entre los recuerdos, las emociones o la propia identidad. La simplicación en la toma de decisiones de los procesos emocionales acaba afectando, señala Ceballos, a otras parcelas de nuestra vida privada y convirtiéndonos en robots que persiguen relacionarse a través de “sí o no, izquierda o derecha”.

¿Se ha convertido el amor en un negocio tecnológico? Gran parte de las ‘apps’ antes mencionadas como Tinder, Meetic o Grindr, han llegado a convertirse en multinacionales capaces de cotizar en los mercados públicos. Al fin y al cabo, todas estas aplicaciones ofrecen el servicio freemium, algo que atrae más todavía a los clientes para introducirse en el terrero del ‘ligoteo’ tecnológico y que, además, les hace anotar un punto más en sus marcadores.

Este negocio del amor ha acabado por atraer a un gran porcentaje de la población, pues lo que antes era una ‘app’ para “frikis” que nos saben relacionarse fuera de Internet, ahora lo sorprendente es que no lo tengas descargado en tu Smartphone. Y lo cierto, es que existe tanta diversidad que no deja indiferente a nadie. Tinder: para buscar pareja del sexo opuesto. Grindr: para buscar pareja del mismo sexo. Incluso en la red podemos encontrar apps como AdoptaUnTio: una plataforma menos conocida, pero con su propio público, que busca principalmente que las mujeres sean dueñas y controladoras de la situación.

Y así, una extensa lista que amenaza con ser interminable con los cientos de opciones disponibles que podemos encontrar. Transmitimos mensajes a través de fotos y expresamos emociones a través de emojis o memes. Con el tiempo se ha reformulado la forma de comunicarnos con nuestro entorno y esas mismas claves, que actualmente utilizamos en las redes, han variado hasta su propio significado. La presencia virtual en el ámbito romántico y sexual elimina las fronteras y los nuevos códigos de comunicación desencadenan que se produzcan cambios hasta en los terrenos más inesperados.

 

Artículo: María Vecina / AFPRESS

Fotografías: Liza Summer, Ketut Subiyanto y hipertextual