LITERATURA | ICARIA

EL AUTOR Y SU OBRA

Uwe Timm, nacido en Hamburgo  en 1940, es un escritor de trayectoria fecunda y versátil, que ha realizado incursiones en la literatura infantil, novelas, guiones cinematográficos y radiofónicos. Ha sido distinguido con los premios Napoli, Heinrich Böll y Schiller entre otros. Emprendió estudios filosóficos y filológicos germánicos, doctorándose en Literatura Alemana. Igualmente ha desempeñado funciones docentes. Ha manifestado interés por la política, identificándose con la izquierda.

ARGUMENTO

La novela trata de Michael Hansen, alemán de origen, criado en Estados Unidos, oficial del ejército norteamericano, que, hacia finales de abril de 1945, se desplaza a Alemania tras la victoria aliada. El servicio secreto de U.S.A. le encomienda la misión de interrogar a Wagner, discípulo del científico eugenista germano Alfred Ploetz, implicado en actividades eugenésicas.

LOS PERSONAJES

En “Icaria”  destacan 3 personajes: Michael Hansen, tras graduarse, en contra de la oposición familiar, se alista voluntariamente en el ejército, donde se le asignan tareas relacionadas con la inteligencia(compañía de transmisiones, codificación de mensajes, descifrado de mensajes del enemigo, interrogatorios, reconocimiento del enemigo). Se le ordena entrevistar a Wagner, amigo del Doctor Ploetz.

Wagner, que en el presente trabaja para un anticuario, fue  ayudante de Alfred Ploetz.  Wagner, ilustrado, con afinidades socialistas durante la república de Weimar, más tarde anarquista, socialdemócrata, sindicalista, se convierte en testigo de la deriva eugenésica del nacismo, espoleado por las teorías de Alfred Ploetz.  A través de las reuniones con Michael, Wagner revela la naturaleza de su peculiar relación, de atracción-repulsión, con el teórico racial Ploetz.  Inicialmente seducido por el pensamiento comunista de Ploetz y más tarde desencantado por el pacto de Ploetz con el III Reich.

Alfred Ploetz, antiguo comunista, pacifista, inspirado por Nietzsche, y por Darwin, del que recoge las teorías de “La evolución”, “La lucha por la vida” y  “La selección natural”. Manifiesta admiración por el socialista utópico  Étienne Cabet, influido a su vez por Tomás Moro, que en su obra “Utopía” desarrollaba ideas protocomunistas y por Tomasso Campanella, comunista utópico.   Cabet ha sentado los fundamentos de la ciudad ideal, Icaria, basada en principios comunistas, sin clases sociales y sin propiedad privada.

Ploetz abandona la doctrina comunista  porque opina que el progreso ha neutralizado la selección natural y que la ideología comunista, el humanitarismo y la compasión, que promueven la ayuda a los más vulnerables, traen como consecuencia  una selección “artificial” negativa. Ploetz desprecia las imperfecciones, quiere evitar la transmisión de enfermedades hereditarias y se enfoca en la selección y en la cría de seres humanos, obsesionándose con la mejora de la humanidad en conjunto, en definitiva con la “igualdad biológica” . Los delirios eugenistas del científico atraen a los nazis con los que sella una tenebrosa alianza a fin de llevar a la práctica sus ideas.

MARCO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO

La narración se desarrolla en Alemania en varios tiempos, la  represiva era de Bismarck, la inestable república de Weimar, la época del régimen totalitario del III Reich, jalonado por la censura, purgas, persecuciones, holocausto, higiene racial…. y  después de la Segunda Guerra Mundial, tras la rendición de Alemania, reflejando los conflictos entre colaboradores y opositores, el papel de las tropas de ocupación, la lucha por la supervivencia, en una Alemania en ruinas, durante la postguerra, de la población civil integrada básicamente por mujeres, niños, ancianos, mutilados de guerra, y refugiados, el mercado negro, la prostitución, las violaciones, los saqueos, la suciedad y la pobreza, el proceso de desnazificación

CONCLUSIÓN

Procede señalar que tras la depauperización  general, provocada por la brutal recesión económica de 1929, la burguesía apoyó y financió a los fascistas en Alemania, Italia y  España, para que combatiesen al comunismo y evitar así la réplica del estallido revolucionario ruso en el resto de Europa.

En “Icaria”  se denuncia  la connivencia de intelectuales y científicos con el régimen nazi, la pasividad y/o la complicidad del pueblo alemán y la práctica ausencia de focos de resistencia en el seno de la población germánica. En este sentido “Icaria” se emparenta con la novela “El buen alemán” de Joseph Kanon.

Uwe Timm explica como muchos de estos ideólogos y hombres de ciencia, nutridos de ideas darwinistas, procedentes de las filas del socialismo utópico y de naturaleza, en principio, pacifista, colaboraron  con el holocausto.

Durante las décadas de 1930 y 1940 varios científicos alemanes deciden controlar las curvas demográficas mediante la selección y la manipulación de seres humanos, lo que se plasmó en esterilizaciones forzosas, asesinato de discapacitados físicos y psíquicos, (como ciegos, sordos, tartamudos, personas con pies planos, disminuidos psíquicos), experimentación con prisioneros… Estos hombres de “ciencia” proporcionaron la base ideológica que legitimaba el exterminio de judíos, gitanos y otras minorías como homosexuales, enfermos crónicos, enfermos mentales, personas con adicciones, lisiados, deformes, mayores, disidentes políticos… .

Estas “privilegiadas mentes eugenistas”, obsesionadas con la búsqueda de la “igualdad biológica” y de la “pureza racial”, no acabaron de comprender a Darwin, no detectaron que hay selección natural porque hay diversidad genética, si hay uniformidad genética, desaparece la selección natural. La diversidad y la diferencia biológica constituyen, entonces, el fermento de  la evolución.  Además, en caso de imponerse la “igualdad biológica”, si cambiaran las condiciones ambientales la especie entera podría extinguirse porque no habría individuos susceptibles de adaptarse.    Estos hombres de ciencia tampoco entendieron a Kropotkin cuando este señaló  el importante papel desempeñado por el auxilio mutuo en la evolución de las especies.

Por otra parte, en puridad, no se puede hablar de “discapacidades” sino de diferentes formas de adaptación o inadaptación al medio.  Por ejemplo, hay especies enteras, como murciélagos, peces abisales y lombrices, que son ciegas, ya que la adaptación a un  medio ambiente  con  ausencia de luz exige la “invidencia” y el desarrollo de otros sentidos diferentes a la vista.  El grado de sintonía con el medio es lo que define que una misma característica, como la ceguera, se considere “capacidad” o “discapacidad”.

Conviene puntualizar que los adelantos en medicina de finales del siglo XIX y de principios del XX permitieron la supervivencia de personas con minusvalías físicas y/o psíquicas, que la sociedad del momento era incapaz de integrar en el sistema productivo como mano de obra, por lo que eran percibidas como una carga.

La denominada “Higiene racial” no desapareció con el régimen nazi ni se limitó a Alemania. Dentro de la legalidad, se practicaron esterilizaciones forzosas en Estados Unidos, La Unión Soviética, Japón, Uzbequistán, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Suecia, Noruega, Suiza, Méjico, Perú, Australia, Estonia, Eslovaquia y Checoslovaquia, entre otros países, con el fin de evitar la descendencia con enfermedades y/o malformaciones hereditarias, de controlar la natalidad o de eliminar a grupos sociales raciales o étnicos. Además la eugenesia se puede rastrear en los avances científicos actuales, que auguran un poder, en la práctica, ilimitado, en manos de  gobiernos y corporaciones en el ámbito de  la manipulación genética. La reescritura del código genético, que permite subsanar los “errores” de fabricación, delata, sin lugar a dudas, planteamientos eugenésicos.

Para terminar, en estos tiempos convulsos, sacudidos por corrientes populistas, que recogen el testigo del nacismo, conviene tener bien presentes las palabras del sacerdote luterano  Martin Niemöller, que señaló los peligros de la indiferencia, recitando el poema, que cito a continuación, en un sermón  pronunciado en la Semana Santa de 1946 en Kaiserlautern(Alemania).

«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a por los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a por mí,
no había nadie más que pudiera protestar.»

TRAILER

Crónica: Beatriz Recio Inés