LITERATURA | LA ISLA BAJO EL MAR
LA AUTORA Y SU OBRA
Isabel Angélica Allende Llona, escritora chilena, cuyo seudónimo es Isabel Allende, nació accidentalmente en Lima, el 2 de agosto de 1942. porque su padre era secretario de la embajada de Chile en Perú. Tras la separación, su madre regresó con Isabel y sus hermanos a Chile, donde residieron hasta 1953. Su madre volvió a casarse ese año, con otro diplomático, destinado a Bolivia y luego al Líbano, países donde estudió Isabel. La familia retornó a Chile en 1959.
Entre 1959 y 1965 Isabel trabajó para la FAO(Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en Santiago de Chile, desde 1967, se integró en la redacción de la revista Paula, publicando numerosos artículos de temas variados. Colaboró con la revista infantil Mampato, ejerciendo como directora suplente de la misma entre 1973 y 1974 y publicando 2 cuentos infantiles, “La abuela Panchita” y “Lauchas y lauchones, ratas y ratones” además de una colección de artículos, englobada con el título “Civilice a su troglodita”. También trabajó para 2 canales de televisión chilenos. Probó suerte igualmente con la dramaturgia, con las obras de teatro “El embajador”, “La balada de medio pelo”, “Yo soy la Tránsito Soto” y “Los siete espejos”.
Tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, Isabel, su marido Miguel Frías y sus hijos, Paula y Nicolás, se establecieron en Venezuela, donde residieron hasta 1988. En la capital, trabajó para el diario “El Nacional de Caracas” y en una escuela secundaria. En 1982 publicó su primera novela “La casa de los espíritus”, inspirada en una carta dirigida a su abuelo, cuando estaba éste al borde de la muerte. Su segunda novela “De amor y de sombra”, se convirtió en otro éxito de ventas. Ambas obras se nutren de la experiencia de la autora, reflejando el tema de la dictadura militar.
Los viajes emprendidos para promocionar sus libros, precipitaron el fin de su matrimonio. Ya divorciada, contrajo matrimonio con el abogado Willie Gordon en 1988 en San Francisco, afincándose en EEUU, desde entonces y adquiriendo carta de ciudadanía en 2003. Actualmente reside en San Rafael, California, trabajando sus novelas en Sausalito, California.
La temprana muerte de su hija Paula, en 1992, la afectó dolorosamente, impulsándola a escribir “Paula”, obra autobiográfica y epistolar, publicada en 1994, donde rememora su niñez y juventud, pasando por la época del exilio.
Sus intereses giran en torno a experiencias vividas, recuerdos, cartas, reflexiones personales como “La casa de los espíritus” y “Paula”, entretejiendo también su particular sentido del humor.
Además de obras de tipo autobiográfico, Allende se ha destacado por novelas históricas, publicando” Inés del alma mía”, basada en Inés de Suárez, la primera española en llegar a Chile o “La isla bajo el mar”, sobre una esclava Zarité en el Haití de finales del siglo XVIII. He realizado incursiones en la novela negra con “El juego de Ripper”. Entre sus obras, además de las ya mencionadas, se pueden citar: “Eva Luna”, “El plan infinito”, “Hija de la fortuna”,” El amante japonés”, “Cuentos de Eva Luna”, “Afrodita” y “Perla, la súper perrita”.
También se ha dirigido al público juvenil con novelas como “La ciudad de las bestias”, integrada en la trilogía “Las memorias del águila y del jaguar”, junto con “El reino del dragón de oro” y “El bosque de los pigmeos”.
Algunas de sus obras como “La casa de los espíritus”, “De amor y de sombra” se han adaptado al cine, mientras “Inés del alma mía” se ha llevado al formato televisivo. Otras obras se han materializado en el teatro, la radio, musicales, óperas y ballets.
Isabel Allende ha sido galardonada con numerosos premios y distinciones como: Novela del año en Chile en 1983, Autor del año en Alemania en 1984, Mejor Novela en Méjico, 1985, Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral en Chile en 1990, Premio Nacional de Literatura de Chile 2010, Premio Hans Christian Andersen de Literatura, Odense, Dinamarca 2012 y doctora honoris causa por la Universidad de Santiago de Chile en 2015 y por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en 2025.
Se ha desempeñado como autora superventas y prolífica. Sus obras, traducidas a 42 idiomas, han alcanzado unas ventas de 73 millones de ejemplares.

Isabel Allende
ARGUMENTO
La acción dramática se centra en Zarité, una esclava mulata de una plantación en el Santo Domingo del siglo XVIII.
LOS PERSONAJES
Zarité, el personaje principal, es una mulata nacida en la isla de Santo Domingo. Es hija de una esclava africana, violada por uno de los marineros blancos del barco negrero. A los 9 años es vendida al francés Toulouse Valmorain, propietario de una importante plantación de azúcar.
Se identifica plenamente con el ritmo tradicional de los tambores africanos y con el vudú, al igual que otros compañeros de esclavitud.
Como muchas esclavas, es violada por el amo. Zarité se encarga de la crianza de Maurice, hijo de Valmorain y de su primera esposa, que crece junto a Rosette, hija de Valmorain y de Zarité.
Pero a lo largo de la narración desfilan otros personajes como:
Violette, cuarterona, libre. Trabaja como prostituta de lujo.
Loula, negra. Es esclava y criada de Violette, protege a ésta y la ayuda con su negocio.
Valmorain, francés acaudalado, que se hace cargo de la plantación de azúcar de su padre, al fallecer éste. Llega a Santo Domingo en 1770, con las ideas enciclopedistas del siglo de las luces y con sueños de éxito financiero resonando en su mente. Afrontar la gestión de la plantación paterna, “Saint Lazare”, inicialmente no le resulta fácil, ni atractivo.
Eugenia García del Solar, primera esposa de Valmorain. Se vuelve demente.
Sancho García del Solar, hermano de la esposa de Valmorain. Gran amigo y socio de Valmorain.
Tante Rose, esclava de la plantación “Saint Lazare”, curandera.
Tante Matilde, esclava de la plantación “Saint Lazare”, cocinera.
Maurice, hijo de Valmorain y de su esposa Eugenia García del Solar.
Rosette, hija de Valmorain y Zarité. Recibe el nombre de Rosette, en homenaje a Tante Rose. Cuarterona, según la clasificación racial de Santo Domingo, se cría junto a Maurice.
Gambo, esclavo de Valmorain, con el que Zarité, tiene amores. Gambo se une a los cimarrones.
Hortense Guizot, segunda mujer de Valmorain. Talante caprichoso e irascible con los esclavos.
ÉPOCA Y MARCO GEOGRÁFICO
A partir del siglo XV se inició un tráfico triangular entre Europa, África y América, que incluía la mercancía más preciada de la época, denominada “madera de ébano”, eufemismo que aludía a seres humanos de raza negra, convertidos en esclavos.
Los tratantes de esclavos o “negreros” intercambiaban con los caciques africanos productos europeos (lana, ron, aguardiente, cobre, quincallería, barras de hierro, barriles de pólvora, fusiles y cuentas de cristal) por negros, que a su vez eran vendidos en América, desde la que se exportaba a Europa productos y materias primas americanos (café, cacao, azúcar, arroz, algodón, tabaco …), obteniendo así pingues beneficios.
Una vez en América en las explotaciones agrícolas, “plantaciones” o “ingenios”, los esclavos, que carecían de cualquier derecho, eran sometidos a durísimas condiciones de explotación laboral. Dependían, por completo, del arbitrio de sus dueños, que legalmente los podían vender, comprar, hipotecar, alquilar, violar, torturar e incluso matar. El sudor y la sangre de los esclavos eran el precio del azúcar que se degustaba en las mesas de las élites europeas y americanas, como señalaba, acusadoramente, Voltaire en su relato “Cándido”.
En las explotaciones agropecuarias no mecanizadas, como los ingenios y las plantaciones del pasado, el mantenimiento de los esclavos era económico, ya que estos se alimentaban con parte del excedente de la producción e incluso cultivaban huertos, para su propio uso. Sin embargo, en un contexto industrial resulta más barato y eficiente alquilar la fuerza de trabajo por un salario, que tenerla en propiedad. Por otra parte, las frecuentes revueltas de los esclavos propiciaban la inestabilidad del sistema esclavista.
La trata negrera iba volviéndose onerosa y lastraba el desarrollo productivo, porque, por una parte, un esclavo, al no participar en los beneficios, carece de incentivos para incrementar la productividad y por tanto la rentabilidad, mientras que el asalariado tiene, al menos, la motivación del salario. Además, el esclavo, al carecer de paga, no puede convertirse en consumidor y la demanda es indispensable para el desarrollo industrial. Las personas libres, con recursos como pagas o salarios, podían comprar y consumir, lo que aceleraba al mercado. Dentro de este comercio triangular. citado anteriormente, entre Europa, África y América, quedó claro que había que mantener el comercio de materias primas y productos elaborados, pero, sin negros, que ya no eran considerados mercancías.
Todo esto se aunaba con diferentes corrientes ideológicas. Movimientos sociales y religiosos, como los cuáqueros, consideraban la esclavitud incompatible con los principios de dignidad y libertad, inherentes al ser humano. La ilustración se movía en un sentido similar, promoviendo los derechos naturales. Los colectivos abolicionistas, influidos por principios de fraternidad y filantropía, se destacaron por un intenso activismo, enfrentándose tanto a las estructuras económicas caducas como a mentalidades retrógradas, logrando una fuerte corriente de opinión pública contraria a la esclavitud.
La presión internacional hizo su efecto, porque potencias como el Imperio Británico, colaboraron política y navalmente, para prohibir el tráfico de personas.
En definitiva, el factor determinante y disruptor fue la industrialización. La irrupción de la maquinaria hizo que el trabajo de los esclavos dejara de ser necesario y rentable y que la esclavitud acabara aboliéndose
“Saint Domingue” o “Santo Domingo francés” era el nombre con el que se conocía la colonia establecida por Francia en el tercio occidental de la isla llamada “La Española” desde 1659.
En 1791 esclavos y algunos criollos, participaron en la ceremonia vudú Bois Caïman y fraguaron la revolución haitiana, liderada por esclavos africanos y afrodescendientes, que se levantaron contra el dominio colonial francés, luchando por su independencia y por la abolición de la esclavitud.
Después de la abolición de la esclavitud en la colonia en 1793, esta rebelión de esclavos se adhirió a las fuerzas republicanas francesas.
La administración francesa en toda la isla se estableció durante las guerras napoleónicas: Mediante el tratado de Basilea de 1795, España cedió a Francia sus posesiones en Santo Domingo, a cambio de las provincias vascongadas y Cataluña, ocupadas por la Francia revolucionaria. Por tanto, la administración francesa abarcó todo el territorio insular, o sea los países conocidos actualmente como Haití y República Dominicana.
Los esclavos, liderados por Toussaint Louverture, en la parte occidental de la isla, se rebelaron contra Francia. El brigadier español Joaquín Antonio García y Moreno mantuvo inicialmente el control del territorio, capitulando ante Toussaint Louverture en 1801, que proclamó la abolición de la esclavitud, asumiendo el poder en la isla. De hecho, la Constitución de 1801, acaba con el fin de la esclavitud en el artículo tercero, señalando que “no puede haber esclavos en este territorio, se abole la servidumbre para siempre. Todos los hombres nacen, viven y mueren libres y franceses. “ Según la historiadora Sylviane Diouf, sin el impulso “de la revuelta en Saint-Domingue, la Revolución Francesa no hubiese decretado la abolición. La Revolución Haitiana había radicalizado a la Revolución Francesa respecto al tema de la esclavitud.”
En 1802 un ejército fue enviado por Napoleon para vencer a Louverture y restablecer la esclavitud, siendo derrotado por los haitianos. Ese mismo año, Napoleón envió nuevas fuerzas, comandadas esta vez por Charles Leclerc, que lograron atrapar a Louverture. Este líder haitiano fue enviado a Francia, como prisionero, donde murió en 1803.
Los seguidores de Toussaint Louverture, ayudados por las nefastas consecuencias de la fiebre amarilla, expulsaron de nuevo a los franceses, cuyas tropas se retiraron de la parte occidental de la isla a fines de 1803.
La excolonia declaró su independencia, con el nombre de Haití, en 1804, hito relevante en la lucha contra la esclavitud y la opresión.
Sin embargo, Francia conservó el control de la parte que había sido española antiguamente, es decir el Santo domingo español.
Las fronteras entre ambas posesiones cambiaron a lo largo del tiempo, hasta consolidarse en la guerra de independencia dominicana en 1844.
CONCLUSIÓN
Isabel Allende consigue mantener el pulso narrativo y el interés durante toda la trama argumental, apoyándose en la fidelidad a los hechos históricos.
La impresionante riqueza de detalles, enmarcada en una excelente ambientación, revela la labor de investigación y documentación que ha realizado la escritora, para reflejar el contexto histórico: la época colonial del Caribe y la Revolución Haitiana, mostrando los conflictos entre amos, esclavos y libertos, la explotación que sufren los esclavos y las luchas y revueltas para conseguir la libertad.
En un tiempo en que el nacimiento determinaba el porvenir de una persona, como mujer, mulata y esclava, el destino de Zarité está en las manos de su propietario, hombre, blanco y libre, Valmorain. El personaje principal, Zarité, descuella por su fortaleza y resiliencia, cargando sobre sus hombros todo el peso de la novela.
Combinando espectaculares y épicos acontecimientos históricos de masas, con momentos de la esfera íntima y familiar, la trama argumental refleja la colonización y los procesos independentistas de los países latinoamericanos, proponiendo una interesante reflexión sobre el conflicto entre colonialismo y libertad.
La obra no ahorra cierta dosis de crítica hacia el colonialismo, el racismo, las desigualdades raciales, sociales y económicas, en el seno de una época convulsa, marcada por la violencia, las luchas de poder y la transición de un sistema esclavista y mercantilista, basado en la autoridad de un rey, a otro capitalista, regido por grandes empresas.
Hay que señalar, no obstante, que el sistema esclavista se cambió por nuevas formas de explotación laboral, si bien menos sangrantes que las precedentes, y que la abolición de la esclavitud obedeció fundamentalmente a razones económicas y no, humanitarias.
Fotografías: Casa del Libro, Vogue México
Videos: AGENCIA EFE
Crónica: Beatriz Recio Inés
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