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CINE | MOSCÚ NO CREE EN LAS LÁGRIMAS

FICHA TÉCNICA

Comedia dramática de la Unión Soviética de 1979, de 142 minutos de duración, cuyo título original es “Moskva slezam ne verit”, dirigida por Vladimir Menshov, con guion de Valentin Chernykh y del mismo Vladimir Menshov, música de Sergei Nikitin, montaje de Yelena Mijáilova, fotografía de Igor Slabnevich, producida por Mosfilm, Satra y Sovexportfilm e interpretada por Vera Aléntova, Irina Muravyova, Raísa Ryazánova y Oleg Tabakov, entre otros actores. Ha logrado el Óscar a la mejor película extranjera en 1980, obteniendo el Premio Estatal de la URSS en 1981.

ARGUMENTO

La película trata de 3 amigas, Antonina, Liudmila y Katerina, procedentes del entorno rural, que emigran a Moscú en 1958, buscando mejores perspectivas de vida a nivel laboral y sentimental.

 LOS PERSONAJES

La película orbita en torno a Antonina, Liudmila y Katerina, 3 mujeres, que reflejan diferentes adaptaciones al sistema socioeconómico vigente en la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), conocida también como Unión Soviética.

Cada una de estas mujeres emprende un camino distinto, mostrándose así diversas realidades sociales, que se podían dar en ese momento histórico, en el marco de la Unión Soviética, bloque extinto, actualmente.

Katerina representa el ideal del esfuerzo, del éxito profesional conseguido mediante la educación, del espíritu de sacrificio laboral y de la resiliencia personal. Se adapta eficazmente al entorno y a las circunstancias.

Katerina, Antonina y Liudmila

Liudmila encarna el pragmatismo y la ambición, persiguiendo el ascenso social rápido a través de un matrimonio ventajoso con un profesional prestigioso o un atleta famoso.  Liudmila cree fervientemente que Moscú es un lugar lleno de oportunidades para triunfar.

Antonina simboliza la estabilidad tradicional, optando por una vida familiar sencilla, casándose con un obrero de la construcción y dedicándose exclusivamente a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos.

MARCO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO

La situación de la Unión Soviética en los años 50 y 70 del siglo XX resulta clave para comprender la evolución de los personajes de la película “Moscú no cree en las lágrimas”.

Resulta fundamental para entender el ritmo de los acontecimientos el salto temporal de 2 décadas, coincidentes con 2 periodos relevantes de la Unión Soviética: los años 50 o época de Jrushchov y los años 70 o época de Brézhnev.

AÑOS 50: EL “DESHIELO” DE JRUSHCHOV Y LA ILUSIÓN DEL INICIO

Esta época coincide con la juventud de los personajes de la película.

Este periodo estuvo bajo el liderazgo político de Nikita Jrushchov y fue una fase de apertura y reforma.

La primera mitad de la película transcurre a finales de la década de 1950, una era caracterizada por el optimismo, los sueños idealistas, la ambición social, el colectivismo, la escasez, la reconstrucción de la postguerra y una apertura cultural.

Para superar la devastación de la Segunda Guerra Mundial la Unión Soviética se enfocó en la industrialización y en la construcción masiva de viviendas públicas. Numerosos jóvenes del campo o de provincias emigraron a Moscú, ciudad que ofrecía mejores opciones laborales, además de universidades y de la posibilidad de una vida moderna.

La carrera espacial conformó el orgullo nacional. En 1957 se lanzó el primer satélite artificial, denominado Sputnik. Se confiaba ciegamente en la ciencia, la tecnología y el progreso del sistema socialista.

Durante este periodo las mujeres y los jóvenes manifiestan su interés por las tendencias, la moda, la cosmética, la poesía pública y los festivales internacionales, lo que se plasma en las ansias de estatus y glamour, expresadas por las 3 protagonistas al inicio de la película.

En aquel tiempo en la Unión Soviética numerosas personas vivían en residencias comunales compartidas o Komunalka, como la residencia en la que conviven las tres amigas protagonistas.

Katerina y  Rudolph  y Katerina con Gosha

AÑOS 70: LA “ERA DEL ESTANCAMIENTO

Esta época coincide con la madurez de los personajes de la película.

Este periodo estuvo bajo el liderazgo político de Leonid Brézhnev y fue una fase de estabilidad y burocracia.

La segunda mitad de la película transcurre a finales de la década de 1970, una era caracterizada por el realismo, el pragmatismo, el enfoque en la privacidad, la estabilidad social, política y militar y la burocratización.

En esta etapa la Unión Soviética se consolida como superpotencia nuclear.

Los salarios eran estables y no se conocía el desempleo, sin embargo, la economía planificada centralizada comenzó a estancarse, a ralentizarse. La producción de bienes de consumo básicos e infraestructura civil era deficiente para atender las demandas de la ciudadanía, lo que se tradujo en las largas horas que pasaba la población en colas en los grandes almacenes estatales como el GUM, para conseguir ropa, muebles o electrodomésticos. No obstante, este hecho también refleja que todos formaban colas, porque la totalidad de la población tenía poder adquisitivo para comprar, cosa que no sucede en los países capitalistas.

Este periodo asistió al surgimiento de una clase ejecutiva y profesional, integrada por profesionales urbanos altamente cualificados como ingenieros, científicos, directores de fábricas. De hecho, Katerina refleja esa realidad, pasando de ser una obrera a convertirse en una importante directora de fábrica. Lo cual mueve a una profunda reflexión de si esto puede suceder o no en los países capitalistas, en los que la movilidad social está bastante restringida y las personas no parten de una igualdad de oportunidades inicial, puesto que el origen familiar, social y económico determina bastante las posibilidades de progreso individual.

Debido a la rigidez política e ideológica del espacio público de la Unión Soviética de los 70, la población buscó refugio en la vida privada y en la esfera íntima, en las reuniones clandestinas, las discusiones literarias y las escapadas de los fines de semana a las dachas (casas de campo). También puede ser objeto esto último de reflexión, porque en los países capitalistas no toda la ciudadanía puede disfrutar de sugestivas charlas políticas y culturales, ni de fines de semana en el campo, eso son gratificaciones asociadas a un nivel de vida económico medio o alto.

En aquel tiempo en la Unión Soviética numerosas personas vivían en apartamentos privados propios en bloques nuevos.

EL PAPEL DE LAS MUJERES EN EL MERCADO LABORAL SOVIÉTICO

En la película “Moscú no cree en las lágrimas” se muestra un cimiento fundamental de la ideología soviética: la incorporación de la mujer al mercado laboral.

Katerina representa el ideal del ascenso social, apoyado en los méritos. En los años 50 del siglo XX es una sencilla obrera en una fábrica metalúrgica, que combina el trabajo con el estudio. En los años 70 del siglo XX consigue el puesto de directora de una gran fábrica. Con su evolución profesional Katarina demuestra que la igualdad de género en el mundo del trabajo fue una realidad en la Unión Soviética.

Las mujeres soviéticas trabajadoras de los años 70 del siglo XX no dependían del matrimonio para su sustento económico, contaban con ingresos propios, coche y vivienda, proporcionada por el estado o por sus méritos laborales. Sin embargo, estas mujeres emancipadas estaban sometidas a una doble jornada, al cargar sobre sus hombros el trabajo doméstico y la crianza. La sociedad les demandaba que fueran competentes tanto fuera, como dentro de casa.

LA FIGURA DEL HOMBRE SOVIÉTICO TRADICIONAL

Gosha (Gueorgui) encarna al hombre tradicional y de mentalidad patriarcal, reflejando la crisis de la masculinidad en la Unión Soviética en los años 70 del siglo XX.

Gosha es un mecánico de herramientas de alta precisión, que simboliza el orgullo del trabajador cualificado soviético, respetado por su destreza y eficiencia.

Gosha cree que el hombre debe tener un sueldo superior al de su mujer o tener un puesto laboral superior al de ésta y además ser el líder del hogar. El conflicto se desencadena cuando se entera de que Katerina es la directora de una fábrica, por lo que tiene un estatus social y económico mejor que el suyo.  

SINOPSIS

La película “Moscú no cree en las lágrimas”, a través de las vidas de varios personajes, ilustra los cambios producidos en la Unión Soviética entre los 50 y los 70 del siglo XX, por lo que se convierte en un documento histórico y sociológico de primer orden.

Pese al clima de hostilidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la guerra fría, “Moscú no cree en las lágrimas” triunfó en Hollywood, porque la película conmovió a la audiencia occidental por varios motivos.

Por un lado, la estructura de una historia sobre una joven humilde, que, con trabajo duro, llega a ser el cargo más importante de la empresa, es todo un canto al esfuerzo, que conecta con “El sueño americano”. Además, en un tiempo en que las películas de Hollywood representaban a los soviéticos como rígidos soldados, taimados espías y fríos burócratas, en la película soviética “Moscú no cree en las lágrimas” aparecen ciudadanos corrientes con problemas universales como: sueños de juventud frustrados, amor, desengaño, crianza de hijos, crisis de mediana edad, la soledad de tanta gente en las grandes ciudades…  Otro elemento que redunda en la identificación del público occidental con la historia mostrada es el desarrollismo, que también tuvo lugar en la URSS durante los cincuenta, sesenta y setenta del siglo XX.

Todos estos elementos configuran a esta película como una de las más relevantes del cine soviético de los 70.

El director Menshov elabora un relato cinematográfico teñido de ilusión, esperanza y optimismo, revelando su maestría al captar la humanidad de los protagonistas y el resto de los personajes que desfilan por la película. Una película que ni esconde muchas realidades duras de la vida, ni desemboca en el dramatismo o en la guerra de sexos.

Esta película entrañable le proporcionó a su director reconocimiento internacional y la adhesión de un público, entregado, plenamente identificado con las vivencias plasmadas en la pantalla.

En cuanto a la banda sonora, se utiliza con acierto el bolero “Bésame mucho”, para enfatizar escenas clave de la película.

La película “Moscú no cree en las lágrimas”, explota las excelentes interpretaciones de Vera Aléntova, Irina Muravyova, Raísa Ryazánova y Aleksey Batalov, para recrear las alegrías y las penas de las tres amigas protagonistas, constituyendo un emotivo canto a la amistad y a la sororidad femenina.

El título “Moscú no cree en las lágrimas”, enormemente connotativo, alude a que Moscú no se deja vencer por el llanto, sino que lucha, para abrirse camino en medio de las dificultades.

Fotografías: Puerta a Rusia, Cine Rusia, Decine 21

Videos: The Duke Mitchell Film Club

Crónica: Beatriz Recio Inés

TRAILER