CINE | EL CARACAZO
FICHA TÉCNICA
Película venezolana dramática de 2005, de 110 minutos de duración, basada en hechos reales, dirigida por Román Chalbaud, con guion de Rodolfo Santana, música de Federico Ruiz, montaje de Sergio Curiel, fotografía de José María Hermo, coproducida entre CONAC y Producciones Román Chalbaud, C.A., interpretada por Fernando Carrillo, Yanis Chimaras, Henry Galué, Pedro Lander, Mimí Lazo, Asdrúbal Meléndez, Carolina Muziotti, Simón Pestana, Beba Rojas, Koke Corona y Rebeca González, entre otros actores. Ha logrado el premio especial del Jurado en el Festival del Cinema Latino Americano di Trieste en 2006.
ARGUMENTO
La película trata de los acontecimientos en Venezuela el 27 de febrero de 1989, bautizados como “El Caracazo”, iniciados por una protesta contra el aumento de precio de los pasajes en los autobuses en la Terminal de Guarenas. Esta revuelta popular se extiende hasta la capital, Caracas y se manifiesta en saqueos a comercios. El gobierno de Carlos A. Pérez reacciona con una violenta represión, saldada con numerosas muertes de civiles. Mara Caparigua, testigo de los hechos, rememora amargamente aquellos días.
LOS PERSONAJES
La trama gira en torno a la pareja protagonista: Alejo Sanpedro, joven burgués con conciencia social, novio de la también universitaria, Mara Caparigua. También desfilan una serie de personajes representativos de la sociedad venezolana de la época como gente humilde de los cerros, burgueses de los barrios privilegiados, sacerdotes, guardias nacionales, soldados, policías, revolucionarios….

Alejo y Mara
MARCO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO
Venezuela, durante las décadas de los 60 y los 70 del siglo XX, catapultada por la industria petrolera, se caracterizaba por una prosperidad económica sin parangón. Sin embargo, la caída del precio del crudo, en la década de los 80, sumió al país en una crisis sin precedentes. Los gastos superaron los ingresos y el endeudamiento hizo acto de presencia, reflejándose en la devaluación de la moneda en 1983.
Las políticas económicas aplicadas por los gobiernos de Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi, basadas en el control de cambio y el control de precios, no lograron contener la inflación, provocando desconfianza en inversiones, pérdida de credibilidad en la moneda nacional, derivando en corrupción administrativa, mercados negros de divisas y bienes, acaparamiento de productos de primera necesidad y desabastecimiento gradual.
Carlos Andrés Pérez llega a la presidencia en 1988 y decide implantar medidas económicas liberalizadoras, en la producción y en los precios de los bienes, siguiendo el programa de ajustes macroeconómicos, promovido por el Fondo Monetario Internacional.
Las citadas medidas económicas o “Paquete Económico “o “paquetazo” o “Gran Viraje” estaban relacionadas con política cambiaria, deuda externa, comercio exterior, sistema financiero, política fiscal, servicios públicos y política social.
Las decisiones adoptadas fueron particularmente severas para la ciudadanía, porque se concretaron en privatizaciones de recursos estratégicos, recortes a la ayuda social, el aumento considerable de los precios de todos los productos, con escasas excepciones, incremento notable de las tarifas de servicios como teléfono, electricidad, gas doméstico, agua potable y transporte público, aumento exorbitante de los precios de productos derivados del petróleo. A todo esto, se añadía el malestar de la población por los escándalos de corrupción que salpicaban a las más altas esferas del poder, los asesinatos de estudiantes y la dura represión de las protestas, practicada por la política gubernamental.
En el marco de la descomposición de la Unión Soviética y el principio del fin del socialismo real, el neoliberalismo en ascenso se quitaba la máscara y empezada a imponer típicas recetas neoliberales en todo el continente latinoamericano, mediante golpes de estado, lawfare, guerra híbrida y el respaldo de la Casa Blanca.
La sociedad venezolana reaccionó con un levantamiento civil de magnitud insospechada, plasmado en disturbios y saqueos, que comenzaron el 27 de febrero de 1989 en Guarenas, ciudad próxima a Caracas.
Al principio empezó como un problema en el transporte desde Guarenas, a la capital, Caracas. Protestaron los usuarios por el aumento del precio del billete y los transportistas, porque estimaron la subida, escasa, en relación al coste de la vida. Las personas involucradas acabaron quemando autobuses, cortando calles, formando barricadas y saqueando comercios.

Ciudadanos, furiosos, tirando un autobús
Esta protesta, en principio focalizada en Guarenas, degeneró, en menos de 48 de horas, en una ola de vandalismo, violencia y saqueo, que se extendió, como la pólvora, a nivel nacional (La Guaira, San Cristóbal, Maracay, Valencia, Barquisimeto, Mérida y Ciudad Guayana). La furia del hambre azotó las calles de diferentes ciudades y la capital Caracas, epicentro del “terremoto social”, caracterizada por la particular intensificación de saqueos, muertes y violencia, se convirtió en un laberinto de barricadas de los que bajaron de las zonas marginales de los cerros.
Los canales de televisión retransmitieron los hechos en directo, contribuyendo al efecto de propagación de la revuelta.
Al principio en las zonas populares se realizaron protestas pacíficas, de hecho, existen videos en los que se observa a la policía intentando organizar los saqueos, para evitar la violencia. La escena dramática se agravó y los disturbios afectaron especialmente los barrios pobres de Caracas como Catia o Casalta, y se manifestaron en destrucción y quema de camionetas y saqueos generalizados en toda la ciudad.
Por la tarde los comercios cerraron y se interrumpió el servicio de transporte. Los días siguientes los medios de comunicación atestiguaron la verdadera dimensión de los saqueos.
Según una venezolana, radicada actualmente en Alicante, y en aquella época, testigo presencial de los hechos, el pillaje no se limitó a las tiendas de alimentación, por el contrario abarcó todo tipo de establecimientos, desde tiendas de electrodomésticos, hasta relojerías. Añadió que parte de los saqueadores utilizaron los productos para aplacar el hambre, mientras otros destinaron el botín del saqueo a la venta, para obtener beneficios.
Sobrepasado por esta dantesca situación el gobierno declaró el toque de queda, de 6:00 a.m a 6:00 p.m., y militarizó las ciudades principales, en un intento, a todas luces equivocado, por controlar el vandalismo. La solución optada por el gobierno se materializó en el Plan Ávila, que responsabilizaba al ejército de la custodia de la ciudad, permitiéndolo el uso de armas de guerra, contra los propios ciudadanos, para contener el motín, los saqueos y el vandalismo.

Soldados venezolanos, controlando las calles
El presidente, Carlos Andrés Pérez, suspendió las garantías constitucionales como derecho de circulación, derecho a la inviolabilidad del domicilio etc…
La muerte no tardó en hacer acto de aparición y las calles se regaron con sangre. El 28 de febrero de 1989, haciendo gala de una represión salvaje y de una brutalidad sin límites, las fuerzas de seguridad de la Policía Metropolitana, las Fuerzas Armadas del Ejército y la Guardia Nacional salieron a las calles a atacar a la población civil, como si se tratara de un enemigo a abatir. Las “fuerzas del orden” se ensañaron especialmente con los ciudadanos de los entornos de la Universidad Central de Venezuela y de los barrios pobres de Caracas.
Las cifras oficiales arrojan un saldo que ronda los 276 muertos, pero informes extraoficiales señalan entre 2000 y 3000 y eso en un país, Venezuela que había sido uno de los más estables de la región. Igualmente se produjeron considerables pérdidas materiales.

Ejército venezolano atacando a la población civil
Enrique Ochoa Antich, exdiputado y coordinador del Comité para los Derechos Humanos, coordinó la fundación del “Comité por los Desaparecidos y las Víctimas Inocentes”, más tarde llamado “Comité de los familiares de las Víctimas” o COFAVIC. El COFAVIC se dedicó a informar a los medios de comunicación de masas nacionales e internacionales de la magnitud de la violación masiva de los derechos humanos, realizada por el Estado Venezolano durante esta época.
El general Carlos Peñaloza Zambrano, en su libro “El delfín de Fidel”, acusa al gobierno de Cuba, de aprovechar la inestabilidad de Venezuela, para aumentar las tensiones políticas, proporcionando armas y asesoramiento a izquierdistas para preparar el “Caracazo”.
Sin embargo, el historiador Rafael Arráiz Lucca no minimiza el papel de la espontaneidad, pero tampoco descarta cierta planificación en el origen de la revuelta. Rafael Arráiz Lucca opina que el “Caracazo” sentó las bases para la intentona de golpe de Estado de 1992 por el teniente coronel Hugo Chávez.
En 1993 el presidente Carlos Andrés Pérez, acusado de corrupción, fue apartado del cargo y sucedido, tras las elecciones, por Rafael Caldera.
El teniente coronel Hugo Chávez, encarcelado por la intentona golpista de 1992, fue restituido en sus derechos políticos y se presentó a las elecciones de 1998, consiguiendo la victoria, rentabilizando el descontento de la población venezolana.
La República Bolivariana de Venezuela actualmente está sitiada por una guerra económica y mediática, realizada por las fuerzas imperialistas y sus aliados locales, que buscan acabar con el legado de Chávez.
El bloqueo económico, financiero, y comercial, impuesto por Washington, se plasma en el bloqueo de transacciones con bonos del sector público, el bloqueo del pago de compromisos internacionales y de dividendos al Estado venezolano, el bloqueo de venta de petróleo, sancionando la compra de crudo, la prohibición de importación de medicinas y materias primas, la prohibición de venta de alimentos al exterior…
La oposición antichavista persigue igualmente desestabilizar al país mediante manifestaciones violentas, llamadas “guarimbas”, y ataques directos a instituciones públicas como: escuelas, instalaciones militares e infraestructuras de servicios básicos.
Aunque ha pasado tiempo desde “El Caracazo”, no ha cambiado la agenda económica de hambre y miseria que la oposición antichavista quiere imponer, programa similar al de Carlos Andrés Pérez, propuesto por el FMI de 1989 y con los resultados ya conocidos de violencia, pobreza y muerte.
El objetivo de Estados Unidos ha sido apoderarse de los recursos de Venezuela como petróleo, gas, oro y coltán. En un momento de transición energética y del surgimiento de potencias emergentes, como Rusia o China, controlar las riquezas de Venezuela se convierte en una cuestión geopolítica fundamental para EEUU. Las acusaciones a Venezuela, vertidas por Washington, de “narcoestado” y de “autoritarismo”, han sido meras excusas para adueñarse de las fuentes energéticas de Venezuela.
Por otra parte, como Estados Unidos no ha logrado un cambio político en Venezuela por medios económicos, diplomáticos o mediáticos, se optó por el secuestro del jefe del Estado, para imponer “manu militari”, su política de “saqueo” contra Venezuela.
Tras la “captura” de Maduro, Donald Trump ha dictado una ley que obliga a vender todo el petróleo venezolano de exportación, a través de canales aprobados por el gobierno de EEUU. Los compradores realizan el pago en cuentas del Tesoro de EE.UU y Venezuela, tutelada y humillada por EEUU, tiene que pedir autorización, caso por caso, para acceder a parte de estos pagos. El dinero solo se libera para los fines “humanitarios” que designa Washington.
Lamentablemente el pueblo venezolano se enfrenta a un futuro incierto, sin soberanía nacional y sin bienestar social y el reciente terremoto ha empeorado aún mas las cosas. No obstante el infortunio colectivo ha activado la solidaridad de la sociedad venezolana. El ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, ha coordinado las inspecciones de riesgos y la interrupción de las líneas de gas, para evitar explosiones, los miembros de los consejos comunales, los sanitarios cubanos y los más de 500 rescatistas de Protección Civil han formado cadenas humanas, organizándose colectivamente, para distribuir cuerdas y remover escombros. La presidenta encargada ha liberado fondos para la reconstrucción de viviendas y hospitales, líneas de crédito para los que perdieron su actividad, además de asignaciones destinadas a trabajadores que se quedaron sin empleo.
SINOPSIS
Todos los actores, tanto protagonistas, como secundarios, están en estado de gracia y sus actuaciones destilan verdad. La ambientación y la banda sonora acompasan perfectamente la trama argumental. La historia que se nos cuenta conduce a la reflexión, combinando afán divulgativo y entretenimiento.
En esta película su director demuestra dominio del oficio fílmico y creatividad, sin renunciar a la vocación documental. Esta obra combina la fuerza de las espectaculares escenas de masas, con la emotividad de escenas familiares e íntimas, para configurar un vigoroso y vibrante fresco de la realidad venezolana durante el “Caracazo”, conquistando el corazón del público.
Fotografías: IMDb, MUBI, Humanidades DigitalesUC3M, BBC, Wikipedia
Videos: vivetelevision
Crónica: Beatriz Recio Inés
TRAILER


