El barrio del Toscar mantiene viva la tradición de San Pascual con una multitudinaria celebración
Las tradiciones populares continúan siendo uno de los principales elementos de cohesión social en muchos barrios de la provincia de Alicante, y el Toscar, en Elche, volvió a demostrarlo durante la celebración en honor a San Pascual.
La Ermita de San Pascual acogió una jornada marcada por la participación vecinal, la devoción y el reencuentro entre generaciones en torno a una festividad que forma parte de la historia reciente del barrio. Decenas de vecinos acudieron a los actos organizados para rendir homenaje al santo y mantener viva una tradición que sigue contando con un importante respaldo popular.
La tarde comenzó con una Misa de Campaña celebrada en el jardín situado junto a la entrada de la ermita. El acto religioso reunió a numerosos asistentes en un ambiente de recogimiento y cercanía, reflejando el carácter familiar que caracteriza estas celebraciones.
Tras la eucaristía, la imagen de San Pascual salió en procesión por diversas calles del Toscar acompañada por vecinos, representantes de entidades festivas, damas con indumentaria tradicional valenciana y numerosos fieles. Durante el recorrido pudieron verse estandartes festivos y una notable participación ciudadana, consolidando una vez más esta cita como uno de los acontecimientos más representativos del calendario festivo del barrio.
La devoción a San Pascual Baylón mantiene una larga tradición en la Comunidad Valenciana. El religioso franciscano, canonizado en 1690, continúa siendo una figura muy venerada en numerosas localidades españolas, especialmente por su vinculación con la Eucaristía.
En el caso de Elche, la Ermita de San Pascual se ha convertido en un símbolo del Toscar y en un espacio de referencia para los vecinos. A lo largo de los años, las celebraciones organizadas en torno al santo han contribuido a reforzar el tejido social del barrio y a preservar unas costumbres que forman parte del patrimonio cultural ilicitano.
La procesión concluyó con el regreso de la imagen a la ermita, donde vecinos y asistentes recibieron al santo entre aplausos. Como colofón a la jornada, se disparó un castillo de fuegos artificiales que iluminó el cielo del barrio y puso el broche final a una tarde de convivencia, tradición y participación ciudadana.
Más allá del componente religioso, la celebración volvió a evidenciar la importancia de las fiestas populares como espacios de encuentro entre generaciones y como herramienta para conservar la identidad de los barrios históricos de la ciudad.
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Paco Ciclón / testigo de nuestras historias cotidianas / AFPRESS


