La fascinante historia del ascensor del Castillo de Santa Bárbara y las sombras históricas que aún rodean su construcción
El ascensor del Castillo de Santa Bárbara no es solo una infraestructura turística. Es una de las obras de ingeniería más singulares de la provincia de Alicante y, al mismo tiempo, un lugar rodeado de historia, guerra, turismo, memoria franquista y algunas incógnitas que todavía hoy siguen sin resolverse completamente.
El origen real comienza en una explosión de guerra en 1709
Aunque los ascensores actuales fueron inaugurados en 1963, el origen físico del enorme hueco vertical del monte Benacantil se remonta más de dos siglos atrás.
Durante la Guerra de Sucesión Española, Alicante se convirtió en un punto estratégico militar. El castillo estaba ocupado por tropas austracistas partidarias del archiduque Carlos, mientras las fuerzas borbónicas fieles a Felipe V intentaban recuperar la fortaleza.
En 1709, los atacantes excavaron una gigantesca mina bajo el monte Benacantil y la cargaron con pólvora. La explosión fue brutal. Parte de la fortaleza saltó por los aires y murió el gobernador británico John Richards, uno de los mandos defensores del castillo. Aquella detonación dejó importantes daños estructurales y un enorme vacío interno en la montaña.
Décadas después, los ingenieros que diseñaron el ascensor aprovecharían precisamente parte de esas cavidades históricas para desarrollar el acceso vertical moderno.
El proyecto turístico que transformó Alicante en los años 60
Durante buena parte del siglo XX, el castillo estuvo prácticamente abandonado o infrautilizado. Tras la Guerra Civil Española, incluso llegó a utilizarse como prisión provisional y espacio militar.
La situación empezó a cambiar a comienzos de los años 60. Alicante comenzaba a entrar en pleno auge turístico del franquismo y el alcalde de la ciudad, Agatángelo Soler, impulsó un ambicioso plan para convertir el castillo en uno de los grandes reclamos turísticos del Mediterráneo.
El gran problema era el acceso. Subir hasta la fortaleza suponía una larga ascensión a pie o por carretera. La solución fue tan ambiciosa como espectacular: perforar el interior del monte Benacantil desde la playa del Postiguet y construir un sistema de ascensores verticales dentro de la roca.
La infraestructura sigue sorprendiendo incluso hoy por la complejidad técnica que supuso en aquella época.
El túnel horizontal
Se excavó una galería recta de aproximadamente 205 metros desde la actual avenida Juan Bautista Lafora, frente a la playa del Postiguet.
Ese túnel atraviesa el interior del Benacantil hasta llegar al núcleo de ascensores. La sensación térmica cambia drásticamente al entrar, debido a la humedad y temperatura constante de la roca.
El pozo vertical
En el interior se construyó un pozo de unos 142 metros de altura vertical.
Para garantizar el funcionamiento continuo se instalaron dos ascensores independientes, una decisión avanzada para la época que buscaba evitar bloqueos ante averías y facilitar la circulación masiva de visitantes.
Actualmente el trayecto vertical dura apenas unos 20 segundos.
La inauguración de 1963 y el nacimiento del turismo moderno en Alicante
Los ascensores fueron inaugurados oficialmente el 17 de febrero de 1963.
La apertura supuso un antes y un después para Alicante. Por primera vez, cualquier visitante podía pasar de la playa del Postiguet a la cima del castillo en cuestión de minutos.
Muchos historiadores locales consideran que aquel ascensor marcó simbólicamente el inicio del gran turismo moderno alicantino.
El castillo había sido declarado Monumento Histórico-Artístico en 1961 y el nuevo acceso ayudó a consolidarlo como una de las grandes imágenes de la ciudad.
¿Quién construyó realmente el ascensor?
Aquí aparecen algunas de las zonas menos documentadas.
Las fuentes públicas consultadas sí confirman que la obra fue promovida por el Ayuntamiento de Alicante y ejecutada mediante empresas de obra pública de la época, pero en mucha documentación accesible actualmente no aparece claramente identificada la constructora principal.
Eso no significa necesariamente ocultación. Parte de los archivos técnicos municipales de los años 50 y 60 no están completamente digitalizados y algunos expedientes históricos permanecen dispersos.
Lo que sí está acreditado es que fue una gran obra pública desarrollada durante el franquismo, en un periodo donde muchas infraestructuras españolas se construían bajo sistemas laborales muy duros y con escasa protección para los trabajadores.
¿Hubo presos políticos trabajando en la obra?
Aquí es fundamental ser extremadamente rigurosos.
Lo que sí está históricamente probado
Durante la dictadura de Francisco Franco existió un sistema de utilización de presos como mano de obra en obras públicas y proyectos estatales.
Ese modelo funcionó a través del llamado Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo, creado en 1938.
Miles de presos republicanos participaron en:
- carreteras,
- pantanos,
- líneas ferroviarias,
- minas,
- canales,
- fortificaciones,
- y grandes monumentos como el Construcción del Valle de los Caídos.
Muchos historiadores consideran aquel sistema una forma de trabajo forzado o semiesclavo debido a la ausencia de libertad real y al contexto represivo.
Lo que NO está probado sobre el ascensor del castillo
Actualmente no existe documentación pública concluyente que demuestre que presos políticos participaron específicamente en la construcción del ascensor del Castillo de Santa Bárbara.
Sí existen indicios contextuales y dudas históricas razonables porque:
- la obra se realizó durante el franquismo,
- Alicante tuvo fuerte presencia penitenciaria tras la Guerra Civil,
- y era relativamente habitual utilizar mano de obra penitenciaria en determinadas infraestructuras públicas.
Pero, a día de hoy, no hay pruebas documentales definitivas conocidas que permitan afirmarlo como un hecho histórico acreditado.
Desde un punto de vista riguroso, lo correcto es hablar de:
-
- hipótesis,
- sospechas históricas,
- posibles indicios,
- o líneas de investigación memorialista aún abiertas.
No puede afirmarse categóricamente como un hecho probado.
Un símbolo turístico construido sobre capas de historia
El ascensor del Castillo de Santa Bárbara resume buena parte de la historia contemporánea española:
-
- una montaña marcada por guerras,
- una fortaleza militar convertida en icono turístico,
- el desarrollismo franquista de los años 60,
- y las actuales investigaciones sobre memoria democrática.
Hoy miles de turistas atraviesan cada día el túnel excavado en el Benacantil sin imaginar que bajo esa obra conviven siglos de conflictos, ingeniería, política, turismo y memoria histórica.
Y quizá esa mezcla sea precisamente lo que convierte al ascensor del castillo en mucho más que un simple elevador.
Paco Ciclón / AFPRESS



