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VIAJES | VIAJE A BÉLGICA Y HOLANDA

MARCO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO

Bélgica, situada en Europa noroccidental, forma parte de la Unión Europea. Su superficie es de 30528 km y la población en 2023 era de 11754004 habitantes. Su capital es Bruselas.

Bélgica es un estado multilingüístico, que cuenta con 3 lenguas oficiales: neerlandés, francés y alemán. Un 57% de la población belga habla el neerlandés en la región de Flandes, un 42 % habla el francés en la región de Valonia al sur, mientras la región de Bruselas-Capital es oficialmente bilingüe, con mayoría de francófonos. Menos de un 1 % de los belgas se integra en la Comunidad germanófona, cerca de la frontera al este del país.

Esta diversidad lingüística ha generado severos conflictos políticos y culturales, teniendo su correlato en la organización territorial de Bélgica y en su historia política.

El nombre “Bélgica” deriva de la denominación latina de la parte más septentrional de la Galia, “Gallia Belgica”, que, a su vez, procede de un grupo de tribus celtas: los belgas.

Tradicionalmente Bélgica se integraba en los Países Bajos de los Habsburgo, que abarcaban los actuales Países Bajos y el Gran Ducado de Luxemburgo.

Bélgica constituyó un pujante centro cultural y comercial, desde finales de la Edad Media hasta el siglo XVII.

Bélgica ganó el apodo “el campo de batalla de Europa”, porque se convirtió en el lugar de muchas batallas entre las potencias europeas, desde el siglo XVIII hasta la Revolución belga de 1830.

Posteriormente Bélgica, junto con Holanda y Luxemburgo, fue uno de los miembros fundadores de la Unión Europea, cuyas instituciones principales se emplazan en el país. La capital Bruselas, en la praxis, también es la capital de la Unión Europea.

Holanda está situada en la costa del mar del Norte, en la desembocadura de los ríos Rin y Mosa. Dispone de numerosos ríos y lagos y un extenso canal interior. Limita al sur con Zelanda, al norte con Frisia y al este con el Usselmeer y las regiones de Flevoland, Utrecht y Brabante Septentrional.

Una larga línea de dunas costeras protege a Holanda del mar.  Tras las dunas se extienden los pólderes, terrenos ganados al mar, que están por debajo del nivel de éste. Por esta razón el drenaje permanente es decisivo, para evitar las inundaciones. Los molinos se usaron para ese fin en tiempos pasados.

Holanda cuenta con una extensión de 7494 km2, tierra y aguas incluidas.

Ámsterdam, la capital de los Países Bajos, constituye la ciudad más poblada. Róterdam cuenta con el mayor y más importante puerto de Europa, mientras que La Haya, capital de Holanda Meridional, es la sede del poder ejecutivo y legislativo de los Países Bajos y de la Corte Internacional de Justicia.

La historia de los Países Bajos esta indisolublemente unida a la lucha con el mar, por la conquista de la tierra. Todo se inicia con un pueblo marinero, que prospera en una llanura situada en el mar del Norte, al noroeste de Europa. Antes de la llegada de los romanos, en la región coexistían varios grupos tribales. La romanización provocó cambios demográficos, reflejados en la aparición de 3 pueblos germánicos mayoritarios: frisones, sajones neerlandeses y francos.

Durante el siglo VIII se intentó difundir el cristianismo. A partir de los descendientes de los francos, aparece el pueblo neerlandés.

Los Países Bajos pasaron sucesivamente por el dominio carolingio, el abandono del Sacro Imperio Romano y las agresivas acometidas vikingas. Este escenario favoreció el hecho de que los nobles locales dejaran los ducados y condados bastante independientes.

Las luchas intermitentes entre Brabante, Holanda, Zelanda, Friesland y Gelre, durante varios siglos, no impidieron la expansión del comercio y el crecimiento de las ciudades.

Presionados para colaborar por la continua amenaza que suponía el mar, construyeron diques, muros o construcciones, para contener las aguas. Además, lo largo del tiempo mantuvieron una red de pólderes, terrenos pantanosos ganados al mar, que una vez desecados se cultivaban o se destinaban al pasto para el ganado. De esta forma transformaron el paisaje de su tierra.

Bajo el gobierno del duque de Borgoña se inició la unificación de los Países Bajos y se asistió a un auge cultural.

Más adelante estas tierras pasaron a formar parte del Imperio de España, durante los gobiernos de Carlos I y Felipe II. El calvinismo, rama de la reforma protestante, se extendió por el Norte. Las tropas españolas, lideradas por el Duque de Alba y Alejandro Farnesio, contraatacaron.

En 1566 el calvinista Guillermo reaccionó, enfrentándose a la monarquía católica española en la Guerra de los Ochenta Años, conocida también como “La Guerra de Flandes”. La revuelta neerlandesa, concluyó con la victoria del bloque protestante Norte en la Paz de Westfalia en 1648.La Corona Española reconoció oficialmente la independencia de las Provincias Unidas, pero el dominio español continúo en el Sur de estas regiones.

​De este conflicto bélico entre los rebeldes, de las 17 provincias de los Países Bajos, en su mayoría protestantes, que perseguían la independencia y su propio rey, también rey de España, se desmarcaron las conocidas actualmente como Bélgica y Luxemburgo, que conservaron su lealtad hacia la Corona española, permaneciendo neutrales las regiones controladas por el Obispado de Lieja.

Durante esta larga guerra se desarrollaron el comercio, la industria, especialmente la marinera, las artes y las ciencias, por lo que esta época se conoce como el Siglo de Oro Neerlandés.   Esta región, apoyada en su poderío naval y en su flota comercial, se convirtió en toda una potencia marítima. Su economía en continua expansión se basó en el comercio de esclavos y los tentáculos comerciales, imperiales y coloniales llegaron hasta Asia, África y América, al mismo tiempo que Ámsterdam llegó a ser el mayor centro de comercio del Norte de Europa.

El éxito económico de Holanda, durante Siglo de Oro Neerlandés, por tanto, no se puede desligar del legado de la esclavitud. Se estima que entre los siglos XVII y XIX la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales transportó más de medio millón de personas esclavizadas desde África hasta América, mientras la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales trasladó hasta un millón en las rutas del Océano Índico.

La pujante y libre recién nacida República Neerlandesa, desligada del yugo de la monarquía española y por tanto, de todo residuo del poder feudal, acogió a una nación de ciudadanos neerlandeses integrada por una mayoría protestante, muchos católicos y miles de judíos, amparados por una inusitada, en aquel tiempo, política de tolerancia. Esta tolerancia se debe a varias causas, que se van a explicar a continuación.

La economía del país en aquel tiempo estaba espoleada por el comercio, los negocios, el colonialismo y la trata negrera. Esta situación exigía  apertura y flexibilidad, para tener tratos comerciales con comerciantes y empresarios de diferentes orígenes y creencias.

Además, no hay que ignorar la influencia de la doctrina calvinista, que en el caso de Holanda, fomentó la libertad de conciencia, lo que condujo hacia una mayor tolerancia para otras confesiones religiosas. Según el calvinismo no hay intermediarios o interlocutores entre Dios y los hombres. Desaparecen por tanto: santos, ángeles, vírgenes, papas y sacerdotes. Mientras la iglesia católica se caracteriza por una estructura jerárquica, para el calvinismo todos somos iguales. El credo calvinista funciona como una asamblea, a modo de una democracia parlamentaria. Calvino estaba a favor de la separación entre iglesia y Estado, pensamiento muy avanzado en aquel tiempo.

Por otra parte, el auge de la burguesía, impulsado por el florecimiento del comercio, estimuló el surgimiento de una élite liberal y culta, que valoraba la libertad de expresión, la libertad de prensa, el debate intelectual y la tolerancia.

La unión entre diferentes provincias, necesaria para vencer en la lucha por la independencia de España en el siglo XVI, también requirió una buena dosis de tolerancia.

En líneas generales, los holandeses han adoptado cierto pragmatismo, dando más importancia a la estabilidad y el orden social, antes que a la imposición de una única perspectiva del mundo.

A todas las causas anteriores habría que añadir la necesaria colaboración de todos los holandeses, para enfrentarse a una amenaza común y permanente a lo largo del tiempo, el avance del mar, lo que precisa de tolerancia, igualmente.

A mediados del siglo XIX se inicia un periodo de decadencia, que obedece a varios factores, que se comentan a continuación. En primer lugar, la escasa población, inferior a 2 millones de habitantes, a lo que hay que añadir una política controlada por regentes ricos y en ocasiones, funcionarios, con cometidos ejecutivos y militares, impuestos por la Casa de Orange. Londres acabó desplazando a Ámsterdam como ciudad más importante del Norte de Europa. Además, se sucedieron varios conflictos bélicos: uno con Gran Bretaña en 1784, saldado con la victoria inglesa, otro conflicto entre orangistas y patriotas y un conflicto con Francia.

Con un nuevo escenario político, caracterizado por el fortalecimiento del poder francés con Napoleón, los Países bajos se convirtieron en una provincia del imperio francés. Con el final del imperio francés en 1813 los Países bajos volvieron a ser un “principado soberano”, regido por un monarca de la Casa de Orange. La citada autoridad, procedente de la Casa de Orange fue ratificada por la Conferencia de Viena en 1815 a través de la creación del Reino Unido de los Países Bajos. El rey Guillermo I tenía también bajo su control a Bélgica, pero las severas diferencias culturales entre el Norte y el Sur del territorio pasaron factura. La rebelión de Bélgica en 1830 acabó con el reconocimiento de su independencia por parte de las potencias europeas.

Más adelante los Países Bajos pasaron a ser una democracia parlamentaria, mediante la Constitución neerlandesa de 1848, con un monarca constitucional. La industrialización y la urbanización transformaron el país, conduciéndolo a la prosperidad.

Durante la Primera Guerra Mundial los Países Bajos optaron por la neutralidad. Las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX, fueron tranquilas, sin sobresaltos.

El poder de la Alemania nazi se acrecentó y el 10 de mayo de 1940 invadió Holanda, destruyendo y ocupando Róterdam. Durante el Holocausto aproximadamente 100000 judíos neerlandeses fueron asesinados. Otros grupos étnicos también perdieron población en el curso de persecuciones nazis.

Fuerzas canadienses en su mayor parte, liberaron Holanda el 5 de mayo de 1945.

La postguerra fue una época de penurias por desastres naturales y una emigración masiva.

La reconstrucción del país se orquestó con programas de obras públicas a gran escala, como el Plan Delta, la recuperación económica, la integración europea y el establecimiento de un Estado del Bienestar.

Hubo conflictos con las colonias holandesas, como Indonesia y Surinam, que se saldaron con la independencia de estas regiones y la retirada neerlandesa de sus antiguas colonias. Mucha gente procedente de Indonesia y Surinam y otras naciones emigró a los Países Bajos, buscando mejores perspectivas de vida, lo que convirtió al país en una sociedad multicultural.

A partir de la segunda mitad del siglo XX los Países Bajos entraron en una era de paz y prosperidad. En 1944 se fundó la unión aduanera, Benelux, acrónimo de Bélgica, Holanda (Países Bajos o Nederland) y Luxemburgo, que se convirtió en una unión además económica en 1958. Se puede decir que el Benelux fue el embrión de la actual Unión Europea.

En el siglo XXI los Países Bajos constituyen un país moderno, dinámico y progresista, con una alta calidad de vida y con una economía en expansión, orientada hacia el mercado internacional.

La proverbial tolerancia en Holanda, plasmada actualmente en la legalización de la marihuana y de la prostitución, no ha sido absoluta ni constante durante el curso de la historia. Ha habido fases de tensión y conflicto y ha sufrido los ataques de grupos conservadores y de las nuevas corrientes populistas, la extrema derecha, nuevo fantasma que sacude Europa.  No obstante, la distintiva tradición de tolerancia en Holanda, que hunde sus raíces en su historia, su cultura y la huella de su élite burguesa y liberal, ha durado hasta nuestros días.

Día 1(sábado) ALICANTE → BRUSELAS

Desde Alicante tomé el avión con destino Bruselas, me recogieron en el aeropuerto y me condujeron al hotel. Como había llegado pronto y todavía no había comido, solicité información en el hotel sobre restaurantes especializados en gastronomía belga.  Me proporcionaron un listado de establecimientos y opté por “Fin de Siècle”, restaurante que me encantó, definitivamente.  Allí disfruté de una excelente “Carbonada Flamenca”, riquísimo estofado de carne, guisada con cerveza belga y cebolla, acompañada de un cremoso puré de patatas con mantequilla.

Carbonade a la bière, del restaurante Fin de Siècle, situado en Rue des Chartreux, Bruselas.

Rematé con una deliciosa Tarta Tatin, tarta de manzana invertida, como postre.

Tarta Tatin,  del restaurante Fin de Siècle, situado en Rue des Chartreux, Bruselas.

Me gustó tanto la comida, que regresé al restaurante para cenar, aunque no tenía hambre. Para mi la comida es ante todo placer, más que necesidad y nutrición.  Me decanté por  jamón de cerdo con salsa de mostaza a la antigua, acompañado de una fresca ensalada y de patata asada. Todo estaba en su punto. La carne de cerdo, muy jugosa.

Jambonneau sauce moutarde o Jamón de cerdo con salsa de mostaza a la antigua , del restaurante Fin de Siècle, situado en Rue des Chartreux, Bruselas.

Indudablemente merecería la pena regresar a Bruselas, solo para volver a este restaurante y disfrutar, una vez más, de la excelente gastronomía belga.

Día 2(domingo) BRUSELAS → LOVAINA → MALINAS → BRUSELAS..

Tras desayunar, comenzamos el circuito turístico de Special Tours, realizando  una visita panorámica de Bruselas, capital de Bélgica y ciudad llena de contrastes. Durante esta visita pasamos por el canal de Leopoldo II, obra construida para mostrar el poder de este rey belga, frente a Holanda. El resultado fue muy negativo para Bruselas. La pérdida de parte del caudal del río por desviar el agua de éste hacia el canal, unida a la contaminación debida a la revolución industrial, aumentaron la densidad de suciedad en el río, que, finalmente, se optó por soterrar. Antes de la época de Leopoldo II, los reyes de Bélgica residían en el centro de la ciudad. Leopoldo II, construyó un palacio en el norte, porque su pueblo le odiaba por muchas y poderosas razones.

La guía nos habló además del papel de Leopoldo II en el Congo.

En 1885 se fundó el “Estado Libre del Congo”, dominio colonial africano, cuyo propietario fue el rey Leopoldo II, hasta 1908, momento en que la administración de este territorio pasó a Bélgica.

Los recursos naturales del Congo como caucho, cacao, marfil, minas impulsaron, a la Corona Belga y a las empresas concesionarias, a una violenta explotación de los nativos africanos, en condiciones de esclavitud. La guía señaló que en el modelo de explotación colonial solo se pagaba por el transporte, no se pagaba ni por el producto, ni por el trabajo, razón por la cual el beneficio obtenido era considerable.

Como forma de control de la población local el régimen colonial recurrió a los asesinatos en masa y a las mutilaciones, que comprendían el corte de manos a la altura de las muñecas, cuando los trabajadores no cumplían la cuota de producción diaria estipulada.

Como resultado, entre 1880 y 1926, fallecieron la mitad de los congoleños. Algunos historiadores consideran esta época como un “holocausto olvidado”.

George Washington Williams, ciudadano occidental de raza negra, interesado por el proyecto de Leopoldo II de creación de un estado libre en el Congo, acudió a esta zona en 1890, conociendo las atrocidades cometidas con la población autóctona. Comunicó esta dramática situación en Estados Unidos, denunciando los hechos, tanto en Norteamérica, como en una carta dirigida al mismo Leopoldo II. Además, George Washington Williams solicitó la creación de una comisión investigadora. Lamentablemente “falleció” durante el viaje de regreso a EEUU.

A partir de 1900 la prensa europea y la estadounidense revelaron las inhumanas condiciones laborales de los congoleños. Finalmente, Leopoldo II renunció a su dominio sobre el Congo, presionado por acciones diplomáticas y la opinión pública.

En 1908, El “Estado Libre del Congo”, administrado hasta entonces por Leopoldo II, se convirtió en una colonia de Bélgica, tomando el nombre de “Congo Belga”. Más adelante, en 1960, se independizó, asumiendo el nombre de “República del Congo”, adoptando posteriormente la denominación de “República Democrática del Congo”.

Un compañero de viaje señaló que en la novela “El sueño del celta”, de Mario Vargas Llosa, se abordaba el tema de  la explotación colonial en el Congo Belga.

Pasamos por: el Barrio de Sablon, el Palacio de Justicia, el Parlamento Europeo, el Atomium, el Arco del Cincuentenario, la plaza Laeken, la plaza de España…

Atomium

Bajamos del autobús para continuar a pie por el casco antiguo, para tomar el pulso a esta hermosa ciudad. Durante el recorrido admiramos la Grand Place, con las Casas del Rey, de los Gremios y el Ayuntamiento, donde destaca la torre de estilo gótico, rematada con una estatua del arcángel San Miguel, patrón de Bruselas, venciendo al Diablo. Esta torre alcanza los 96 metros de altura. También vimos el Manneken Pis.

Durante la tarde, tras almorzar, realizamos una excursión a Lovaina y Malinas. Inicialmente nos dirigimos a Lovaina, ciudad universitaria, donde se entrelaza la vitalidad estudiantil con la historia medieval, visitando la Grote Markt o Plaza Mayor, el Gran Beaterio, el Colegio Van Dale y la iglesia de San Miguel.

A continuación, proseguimos nuestra ruta hasta Malinas, antigua capital de los Países Bajos en la época de los duques de Borgoña, actualmente capital eclesiástica del país, para recorrer su centro histórico, admirando monumentos como la iglesia de San Pedro y San Pablo, el Ayuntamiento, edificio del siglo XVI, la Plaza del Mercado del Pescado y la Catedral. En Malinas fue donde se crio con su tía Margarita de Austria, Carlos, futuro Carlos I de España y V de Alemania, hijo de Juana la loca y Felipe el hermoso.

Regresamos a Bruselas y a nuestro hotel. Aunque no tenía hambre, regresé al restaurante “Fin de Siècle”, para disfrutar nuevamente de las delicias de la gastronomía belga. Me decidí por las Endivias, saboreando unas excelentes endivias, rellenas con diferentes carnes y envueltas con jamón, servidas con brócoli y un cremoso y suave puré de patatas, con toque de mantequilla.

Chicons farsis sauce Chimay o Endivias del restaurante Fin de Siècle, situado en Rue des Chartreux, Bruselas.

Concluí con una deliciosa mousse au chocolat.

En definitiva, este restaurante se distingue por un servicio rápido, atento y amable, bien dispuesto a traducir, por unos precios contenidos y unas raciones abundantes. La comida es deliciosa. Hay que guardar colas a la entrada, pero sin duda, merece la pena.

DÍA 3 (lunes). BRUSELAS → BRUJAS.

Tras desayunar, nos dirigimos a Brujas, una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa, Patrimonio de la Humanidad, donde realizamos una visita panorámica a pie. Durante esta visita recorrimos su centro, pasando por la Iglesia de Nôtre Dame, la Plaza de los Curtidores, la antigua Lonja de los Pescadores, la Plaza del Burg, el Ayuntamiento, la Capilla de la Santa Sangre, la Plaza del Mercado, etc.

La guía comentó que. en la Edad Media, Brujas era muy rica por el comercio de la lana. Comentó que, en el siglo XII, una tormenta abrió un canal que conectó a Brujas con el mar, abriendo a esta ciudad las puertas del comercio internacional.

Al pasar por el beguinaje de Brujas, la guía aprovechó para contarnos que, en el siglo XII, durante la segunda cruzada, las ciudades de Flandes y de los Países Bajos, se quedaron, en líneas generales, privadas de hombres y por consiguiente muchas mujeres se convirtieron en viudas o solteras, en una época en que las únicas opciones de las mujeres eran casarse o ingresar en un convento.

Ante la ausencia de hombres que las defendieran, las valerosas mujeres de estas tierras crearon una imaginativa solución para protegerse: el movimiento de mujeres beguinas. Las beguinas vivían en Beguinajes, es decir, vecindarios de mujeres viudas o solteras, que practicaban la ayuda mutua.

Los beguinajes eran recintos cerrados, con frecuencia amurallados, en el seno de las ciudades, que constituían pequeños pueblos con casas, iglesias y talleres. El beguinaje de Brujas es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Las beguinas eran mujeres laicas que vivían juntas, dedicadas a la oración y a las labores sociales, como ayudar a pobres y enfermos, pero sin someterse a la iglesia ni a los hombres.

Pese a ser mujeres piadosas, fueron salpicadas de sospechas de herejía por las autoridades eclesiásticas, a causa de su estilo de vida alternativo, sin control masculino.

Se consideran como precursoras del feminismo. No eran monjas, no adoptaban votos de pobreza o de castidad. Podían poseer sus propios bienes y eran libres de abandonar al grupo cuando quisieran.

Contaban con independencia económica, ganándose el sustento con el trabajo en textiles, cuidados médicos, educación y labores intelectuales.

La última beguina murió en 2013, concluyendo con una tradición, que permaneció durante 8 siglos.

La guía también comentó que, a finales del siglo XIV, Brujas experimentó una severa crisis por varios motivos.  Una violenta tormenta cerró el brazo de agua, que comunicaba Brujas con el mar, afectando al comercio. Además, los burgueses de brujas se enfrentaron con el rey Maximiliano de Austria, al negarse al aumento de los impuestos.  Tras violentos desencuentros que incluyeron el secuestro del rey, el monarca castigó a la ciudad privándola de sus derechos de comercio, que transfirió a Amberes.

Concluimos la visita con un agradable paseo en barco, que nos permitió descubrir la ciudad de otras formas, llegando a rincones inaccesibles. Pasamos por el puente de San Bonifacio, el lago del amor o el canal Dijver. Tras almorzar, dispusimos de la tarde libre, para seguir paladeando la ciudad, donde cada rincón tiene su particular encanto. Mi mejor recuerdo de las calles de Brujas es que olían deliciosamente a Waffles y a chocolate.

Aproveché para comprar unos bellos encajes, en una tienda próxima a la Capilla de la Santa Sangre. Aunque en España también existe la artesanía del encaje de bolillos, la invención de esta bella artesanía, según algunas fuentes, se debe a Flandes, conocido actualmente como Bélgica. Se dice que Carlos I, trajo esta bella artesanía a España.

El encaje apareció en Europa a mediados del siglo XVI, desarrollándose la técnica de aguja en Venecia y la de bolillos en Flandes. Al principio el encaje, llamado Randa, se elaboraba con hilos de lino, seda e incluso de oro y plata, para adornar cuellos, puños, el borde de las prendas de ropa…Concebido como artesanía de lujo para la aristocracia y para el clero, era todo un símbolo de estatus, que proclamaba la riqueza.

Después de cenar unos grupos de viajeros del circuito turístico nos perdimos por las calles de Brujas. Una pareja de franceses nos guio hacia nuestro hotel, usando la aplicación Google maps. Yo personalmente no sabía usar dicha aplicación.  Más adelante, otro día, unos compañeros de viaje me enseñaron como funcionaba.

A una pareja de compañeros de viaje, brasileños, que también se perdieron por las calles de Brujas aquella noche, la policía local, muy amablemente, los condujo al hotel en el vehículo policial.

DÍA 4 (martes). BRUJAS → AMBERES → GANTE → BRUJAS.

Tras desayunar, emprendimos camino hacia Amberes, la segunda ciudad de Bélgica, conocida por ser la ciudad de Rubens, conocido pintor del siglo XVII. Durante la visita panorámica pasamos por: la Catedral con el famoso tríptico de Rubens, la Plaza Mayor, el Ayuntamiento, el castillo medieval, la fuente de Brabo, etc.

Tras almorzar salimos hacia Gante, capital de Flandes con glorioso pasado, fundada en el siglo XII, conocida por su arte y tradiciones históricas. En esta ciudad nació Carlos I, hijo de Juana la loca y Felipe el hermoso.

Realizamos una visita panorámica, pasando por: la famosa Catedral de San Bavón, donde se expone “La Adoración del Cordero Místico”, admiramos el Teatro Flamenco, la Torre del Campanario, el Castillo de los Condes de Flandes, etc. Luego dispusimos de tiempo libre y regresamos a nuestro hotel, donde pasamos la noche.

DÍA 5 (miércoles). BRUJAS → LA HAYA → ÁMSTERDAM.

Tras desayunar, salimos con destino La Haya, donde dispusimos de tiempo libre para visitar esta ciudad holandesa, conocida por ser la ciudad de los palacios y las avenidas, de las embajadas y los ministerios, ciudad que aloja el gobierno de los Países Bajos, el Tribunal Internacional de Justicia y también residencia de la familia real holandesa. Aprovechamos para recorrer sus calles y lugares más emblemáticos, como el Palacio de la Paz, entre otros.

Tras almorzar, partimos hacia Ámsterdam, donde hicimos una visita panorámica en autobús, de esta ciudad, capital de los Países Bajos, acompañados por un guía local. El guía local nos contó que Amsterdam significa barrera en el río Amster” y que esta ciudad es conocida como “La Venecia del Norte”. Durante el muy interesante recorrido paramos brevemente por el molino de Rembrandt, llamado así porque en las proximidades se ubica una escultura del conocido pintor holandés. A continuación, visitamos el Centro de Convenciones RAI y la Plaza de los Museos, donde se encuentran la Sala de Conciertos, El Rijksmuseum, Stedelijk Museum y Van Gogh Museum. Más adelante pasamos por Leidseplein, la antigua fábrica de Heineken y el antiguo barrio judío, dejando a nuestro paso el Monumento al Holocausto, las Sinagogas y el mercado de las Pulgas. Acabamos en el puerto, donde vimos los exteriores del Nemo del arquitecto Renzo Piano (Museo de Ciencias) y del Museo Marítimo, con su reproducción del Amsterdam, un antiguo Galeón del siglo XVIII. Nos trasladaron al hotel. Durante la noche nos sedujo la mágica experiencia de un crucero por los canales de la ciudad, en el que disfrutamos de una cena a bordo. Degustamos riquísimos quesos, acompañados de pan integral y mantequilla. Además, probamos un cremoso puré de patatas con jugosa carne.Nos condujeron al hotel, donde pernoctamos.

DÍA 6 (jueves). ÁMSTERDAM → ZAANSE SCHANS → VOLENDAM → ÁMSTERDAM.

Tras desayunar, realizamos una excursión, que resultó una inmersión en la Holanda tradicional, visitando Zaanse Schans, donde se encuentran muchos molinos y el encantador pueblo marinero de Volendam,

Comenzamos por Zaanse Schans, admirando los majestuosos molinos, utilizados para diferentes finalidades. La guía local nos dijo que uno de los molinos molía especias, como canela, dos funcionaban como aserraderos, otro molía minerales para hacer pigmentos, otro molía cacahuetes para obtener aceite, otro contaba con una máquina de vapor…

Molinos de Zaanse Schans

La guía nos informó que a partir del siglo XVI la población local aumentó, incrementándose la necesidad de terrenos, para alimentar a esta creciente población. Esto impulsó a los holandeses a disputar con el agua por las tierras, con la ayuda de canales, barreras y diques. Mediante el bombeo de agua, crearon los polders, tierras ganadas al agua, que se convirtieron en tierras cultivo o de rico pasto, alimento ideal para las vacas frisonas.

Más tarde nos condujeron a una granja, donde se elaboraban quesos de forma artesanal, que se podían comprar. Nos ofrecieron una degustación de diferentes tipos de quesos, todos deliciosos. Me gustó especialmente el queso con comino o Komijne Kaas, que es un queso duro, aromatizado con semillas de comino.

Seguimos por Volendam, población católica, donde contamos con tiempo libre para compras. En Volendam, aún conservan las casas de madera y algunos de sus habitantes visten el traje tradicional del país. Volemdam, en el pasado, vivía de la pesca, pero como el cercano mar suponía un peligro de inundaciones y para el gobierno primaba la supervivencia de la población en general, más que la economía de Volemdam, se decidió la construcción de El Gran Dique, obra de ingeniería que modificó la composición del mar, afectando negativamente la pesca, que era el principal recurso económico de Volendam. Los habitantes de Volendam se reinventaron, convirtiéndose en trabajadores de la construcción.

Tras almorzar regresamos a Ámsterdam, visitando la fábrica de cerveza Heineken, donde nos explicaron el procedimiento de elaboración de la conocida cerveza holandesa, nos explicaron la historia de la marca Heineken y además nos invitaron a degustar una refrescante y chispeante cerveza.

Los holandeses, que se encuentran entre los más altos de Europa, me resultaron particularmente atractivos. Por lo general son rubios y atléticos. La guía local coqueteó abiertamente con un espectacular joven rubio, que trabajaba en la empresa Heineken.  A mí además de éste, me sedujo un soberbio y guapo moreno, empleado también allí.  Tras hacer averiguaciones nos enteramos de que, lamentablemente, ambos tenían novia. Regresamos al hotel, donde pasamos la noche.

Ya en Ámsterdam aproveché los días libres para conocer el Rijksmuseum, el Barrio Rojo y el Barrio judío, optando por el tranvía como medio rápido y barato de desplazamiento. En Ámsterdam el transporte público funciona muy bien. Tuve ocasión de comprobarlo. Incluso para un extranjero en la ciudad, el tranvía es fácil de usar, por la óptima señalización de paradas e interiores de los tranvías. En el interior de cada tranvía hay paneles electrónicos, donde aparece una relación de todas las paradas por las que pasa el vehículo.

DÍA 7 (viernes). ÁMSTERDAM.

Tras desayunar, dispusimos del día libre para seguir saboreando esta vibrante, dinámica y única ciudad, con la fascinante arquitectura de sus canales, sus museos, etc. Yo tenía contratadas 2 actividades guiadas, organizadas por Camaleon Tours: una visita guiada al Rijksmuseum, por la mañana y una visita guiada al Barrio Rojo, por la tarde.

Por la mañana, tomé el tranvía, para dirigirme al Museo Nacional de Ámsterdam, más conocido como el Rijksmuseum. Me encontré con el resto del grupo y la guía, a la hora indicada, en el exterior del Museo.

Rijksmuseum, Ámsterdam

Este espacio cultural, mediante 80 salas de exposición, embarca a sus visitantes en un memorable viaje a través de 800 años de historia.

Durante las 2 horas de visita admiramos, entre otras bellas obras pictóricas, uno de los autorretratos de Vicent Van Gogh, “La lechera” de Vermeer y “La ronda de noche” de Rembrandt. En este itinerario admiramos objetos integrados en la cultura y la tradición de los Países Bajos, testigos de la historia marítima holandesa: cerámica, restos arqueológicos, grabados…

“La lechera” de Vermeer

La guía nos informó que, básicamente, el pueblo holandés de aquel tiempo era una república protestante de comerciantes y emprendedores.   Debido a los prolongados viajes de sus esposos, por la guerra y por el comercio, las mujeres gozaban de gran autonomía, para manejar los asuntos internos. Y esta independencia femenina se ilustra en diversos cuadros.

“La ronda de noche” de Rembrandt

La indumentaria de ambos sexos en las pinturas refleja la gran riqueza de las personas retratadas.  Los trajes eran de color negro, porque este pigmento era el más caro.  Tanto los vistosos y costosos encajes blancos, que ornan cuellos y puños, como el color negro, proclaman que los personajes representados en las vibrantes pinturas holandesas eran acaudalados. En estas obras se muestran los interiores de las casas burguesas y escenas vinculadas a la vida cotidiana de aquel tiempo. No aparecen, por lo general, ni entornos eclesiásticos, ni ambientes vinculados a la nobleza.

A mediodía probé el delicioso sabor del Stamppot, en el restaurante homónimo. El Stamppot es un plato muy popular de la cocina local holandesa, un plato verdaderamente reconfortante y sustancioso. Es una especie de estofado compuesto de un puré de patatas hervidas, acompañadas de distintas verduras cocidas, que pueden ser cebollas, zanahorias, col o espinacas.

Este plato tiene una gran versatilidad, pero yo probé la versión del Stamppot como “guiso”, en la que al untuoso y cremoso puré de patatas se añaden cebollas y zanahorias, además de jugosa carne de ternera guisada en su punto.

Stamppot, probado en el restaurante “Stamppot”, situado en Leidsekruisstraat, Amsterdam.

Para rematar la comida disfruté de una suculenta tarta casera de manzana, con una apetitosa base, aromatizada con un toque de mágico caramelo y servida con una generosa ración de nata montada.  Todo un placer para los sentidos.

Tarta de manzana del restaurante “Stamppot”, situado en Leidsekruisstraat, Amsterdam.

Entre las variaciones más populares del Stamppot se encuentran el Boerenkoolstamppot, preparado con col rizada, el Zuurkoolstamppot, elaborado con chucrut (col fermentada) o el Andijviestamppot, que usa escarola.

El plato Stamppot resume toda la sencillez y autenticidad de la cocina holandesa. Nace en el siglo XVI, momento en que las patatas, originariamente procedentes de América, se introdujeron en los Países Bajos, integrándose en la dieta local. A partir de entonces, este plato ha ido evolucionando, para adaptarse a las demandas de la sociedad y constituir una alternativa reconfortante para niños y adultos.

En definitiva, este restaurante destaca por el servicio rápido, atento y amable, por unos precios ajustados y por servir raciones abundantes. La comida es muy rica.

Lamentablemente, por lo general en Holanda, no he observado, la pasión gastronómica que podemos encontrar en otras latitudes como Bélgica, Francia, Italia o España. De hecho, los hoteles holandeses no disponen de listados de restaurantes, como los hoteles belgas. Para localizar un buen restaurante en Ámsterdam, tuve que preguntar a varios residentes en dicha ciudad, como una joven española, que trabajaba en el hotel, donde me alojaba yo. Me confió que los holandeses no estaban , en general,  interesados en la comida, pero me recomendó muy amablemente el restaurante citado, argumentando que cuando venían sus padres a visitarla, iban todos a comer allí, añadiendo que el plato local holandés, el Stamppot, lo preparaban muy bien en ese establecimiento.

Otros residentes en Holanda, como la guía local del circuito, casada con un holandés y una guía de  la empresa 360 Amsterdam, coincidieron en la misma opinión, es decir, que los holandeses consideraban la comida como una fuente de energía y sostenimiento, que no disfrutaban de la misma.

La ausencia de interés por la comida en Holanda se explica por una mentalidad pragmática, influencia histórica y una climatología que prioriza alimentos básicos y calóricos, como pan, patatas, pescado del Mar del Norte, quesos típicos, algunas verduras…, sobre los frescos y variados.

Para muchos holandeses el enfoque de la comida es utilitario y pragmático.  Comer satisface la necesidad funcional de alimentarse, de repostar, de obtener la energía para sostener la vida, no necesariamente es un espacio de disfrute, un placer o un evento social.  En este sentido tienen especial relevancia la eficiencia, la sencillez y la rapidez. La comida debe ser saludable y llenar, el sabor pasa a segundo plano.

Esta visión del acto de comer tiene la impronta de la cultura calvinista, que, durante más de 2 siglos, rindió culto a la sobriedad, considerando la frugalidad un camino hacia el cielo.

Creo que el único objetivo de comer no es el sustentamiento, por la misma razón que la única finalidad del acto sexual no es la reproducción. En ambas funciones fisiológicas el placer es un componente importante de la felicidad individual.  Mi consejo es que, si disfrutas con la comida, si te gusta comer, no vayas a trabajar y a vivir a Holanda. Opta mejor por Bélgica.

Por la tarde, recorrí el barrio rojo, en un paseo guiado, organizado por Camaleon Tours. A la hora indicada y lugar señalado, nos reunimos con la guía, en las inmediaciones de la Estación Central de Ámsterdam, cerca de un embarcadero. Nos dirigimos al corazón del Barrio Rojo.

Barrio Rojo, Ámsterdam

Supongo que tanto mis lectores como yo estaríamos de acuerdo en el siguiente punto: en un mundo ideal y perfecto no existiría la prostitución. A lo que habría que añadir ni tampoco el desempleo, la guerra, la miseria, el hambre y la desigualdad.  Desafortunadamente no vivimos en ese mundo perfecto e ideal. Sin embargo, opino que tenemos el imperativo moral de mejorar el mundo que tenemos, en la medida de lo posible. Si no podemos hacerlo en el ámbito general, debemos actuar localmente. ¿Qué significa esta mejora en lo que se refiere a la prostitución? Significa la regularización del comercio del sexo, una regularización que implique avances en materia de derechos laborales de las trabajadoras sexuales, de condiciones de seguridad e higiene para prostitutas y clientes y en otros aspectos del sector. Una regularización que al sacar de la clandestinidad el negocio del sexo, acabe también con la prostitución forzada, es decir con las esclavas sexuales, que trabajan para diferentes mafias. Todo indica que Holanda ha conseguido este objetivo o está muy cerca de conseguirlo, convirtiéndose en un ejemplo a seguir por muchos países. Por mi parte además considero que la prostitución cumple una función social, al minorar el riesgo de violación para otras mujeres.

El barrio rojo de Ámsterdam o “De Wallen”, ubicado en el centro histórico de la ciudad, es uno de los barrios más antiguos de esta localidad. En el siglo XIV formaba parte de las murallas defensivas, edificadas tras la concesión de los derechos de ciudad. En el pasado esta zona se encontraba próxima al puerto. De hecho, constan indicios de que en el siglo XIV tanto marineros, como comerciantes, para saciar sus deseos carnales tras meses de abstinencia por viajes, o mientras esperaban que sus barcos zarparan, buscando entretenimiento, frecuentaban el lugar.  De acuerdo con algunas fuentes las prostitutas, en esa época, transitaban las calles de este barrio, portando linternas rojas, lo que originó el nombre de esta área. Se usaban luces del citado color para ocultar imperfecciones corporales, producidas por la peste negra.

El crecimiento de Ámsterdam estaba vinculado al puerto. A medida que la ciudad se expandía, como puerto comercial, el barrio rojo se convirtió en una animada zona residencial y de trabajo, donde se establecieron comerciantes y artesanos.

En el siglo XVI una relevante empresa de la Marina Mercante contribuyó a la expansión holandesa, convirtiendo Ámsterdam en el centro neurálgico y puerto más importante del mundo. Los visitantes de esta ciudad eran atraídos por las casas de juego y de baile o Speelhuis, donde les esperaban las meretrices. Con el transcurso del tiempo “De Wallen” se transformó en un centro de comercio y entretenimiento.

Aunque en 1578, la reforma protestante supuso la prohibición de la prostitución, a efectos prácticos, se toleró durante centurias.

La ampliación de la ciudad en el siglo XVII y la construcción de los canales originó el desplazamiento de ricos mercaderes a zonas más prestigiosas y “De Wallen” se convirtió en el lugar de residencia de los trabajadores portuarios, con necesidad de distracciones, es decir, fuente de demanda de prostitutas. Así aparecen las primeras formas de prostitución organizada, especialmente en las proximidades de la Oude Kerk.

Con la invasión francesa se promulgó un reglamento, que obligaba a las trabajadoras del sexo a registrarse en la policía y pasar controles médicos, para evitar las enfermedades de transmisión sexual. El gobierno controlaba el cumplimiento de esta normativa. A las mujeres que pasaban el control médico, se les entregaba una tarjeta roja, que indicaba que estaban sanas y que les permitía seguir con su trabajo. Por el contrario, a las que no pasaban el citado control, se les asignaba una tarjeta blanca con el nombre de la enfermedad o infección y se les daba el tratamiento médico gratuito, pero no podían trabajar.

La prostitución se legalizó en los Países Bajos en 1810. En 1816 Ámsterdam contaba con 3000 prostitutas. Ya en el siglo XX la prostitución se percibía como un “mal necesario”.

En 1911 se prohibieron los burdeles, por lo que muchas mujeres ofrecían “sus servicios” desde sus propias casas. Con el fin de atraer a los clientes, se sentaban al lado de las ventanas, iluminadas con luces rojas, costumbre que daría nombre al distrito y ““De Wallen”” pasa a conocerse como “Red light district” o Barrio Rojo de Ámsterdam.

La prostitución en cabinas apareció en los años 30 del siglo XX. En aquel tiempo la policía prohibía la prostitución callejera, pero permitía a las trabajadoras sexuales, mostrarse tras ventanas con cortinas entreabiertas, lo que originaría el conocido escaparate rojo.

En los años 60-70 del siglo XX el barrio rojo o “Red light district” se liberalizó para la industria del sexo. El cuerpo femenino llegó a ser un reclamo turístico.

El aumento de la delincuencia, la irrupción de la heroína y la trata de personas afectó negativamente la zona entre los 70 y los 80 del siglo XX.

A final de la década de los 90 del siglo XX se realizó un experimento sociológico en el distrito rojo, consistente en que unos hombres ejercieran la prostitución, durante un tiempo. Se colocaron 5 chicos en las vitrinas, elegidos entre más de 1000 solicitantes. Como consecuencia inmediata en 3 horas la calle estaba atestada de periodistas y chismosos, los jóvenes prostitutos se negaron a ser grabados e interrogados. Las mujeres que intentaron acceder a los servicios proporcionados por los gigolós, debido al machismo dominante en la sociedad, fueron amedrentadas y hostigadas por diferentes hombres en las calles. Por todas estas razones durante estas 3 horas que estuvieron los muchachos en los escaparates del barrio rojo, sólo hubo 6 clientes, todos hombres y todos homosexuales. Durante el tiempo de permanencia de los prostitutos, las meretrices protagonizaron protestas, ya que consideraban a estos hombres “denigrantes.

Los 90 del siglo XX y la legalización de los burdeles en 2000 han asistido a los intentos de recuperación del control de la zona por parte de las autoridades, mediante proyectos como Project 1012, enfocado a reducir la criminalidad, la prostitución, los coffee shops y otros negocios en el Barrio Rojo, con distintos resultados.

Sin embargo, en la actualidad “De Wallen”, atracción que combina historia, debate social y animada vida nocturna, continúa simbolizando la tolerancia holandesa.

Algunas mujeres trabajan por placer, otras porque carecen de otras alternativas y otras buscando un considerable beneficio económico, que otro empleo no les puede proporcionar. Muchas de estas rameras trabajan incluso 11 horas diarias, a razón de 6 días por semana.

La edad legal mínima para trabajar en la prostitución es de 21 años. Toda persona de 21 años o mayor, con pasaporte legal europeo, que quiera ejercer esta profesión, debe inscribirse en la Cámara de Comercio de Holanda, como trabajadora sexual. Desde ese momento ya pueden empezar a trabajar. Las prostitutas son autónomas y como todo trabajador autónomo en Holanda, tienen que pagar una especie de licencia, pero no cotizar mensualmente. Periódicamente se efectúan estrictas inspecciones y supervisiones, para evitar abusos o trabajos forzados.

Las furcias se exhiben en vitrinas iluminadas, usando sugestiva ropa interior. Cada cabina dispone de un botón de alarma, conectado con la policía, para aumentar la seguridad. Tras recibir este aviso las fuerzas policiales acuden de inmediato. Algunas prostitutas interactúan con los viandantes, otras leen o esperan en silencio.

Existen varios códigos de luces y cortinas, que informan a los clientes de las prostitutas.

Si la cabina tiene la cortina cerrada y la luz roja encendida, significa que la prostituta está trabajando.

Si la cabina tiene la cortina cerrada y la luz apagada, significa que está alquilada, pero que en ese momento no hay nadie trabajando.

Si la cabina tiene la cortina abierta y la luz encendida, significa que está dispuesta a trabajar, pero que en ese momento no tiene ningún cliente.

Si la cabina tiene la cortina abierta y la luz apagada, significa que esa cabina se puede alquilar para ese turno.

Si la cabina tiene una luz azul, anuncia que esa cabina está ocupada por hombres transexuales en el proceso de convertirse en mujeres.

Las prostitutas se distribuyen por zonas.   Las mujeres en una y los transexuales en otra.

Quien decida visitar el Barrio Rojo de Ámsterdam, debe seguir las siguientes recomendaciones:

No hacer fotos, ni filmar.

No golpear las vidrieras.

No espiar entre las cortinas.

No pararse por largo rato frente a los escaparates o la puerta del local.

Ser respetuoso con las trabajadoras del sexo.

Si se sospecha de fuerza o coerción hacia las trabajadoras del sexo, llamar al 0900 88 44

Como la prostitución es una profesión reconocida oficialmente, las prostitutas declaran prestaciones y pagan impuestos, y cumplen con normas y regulaciones, como cualquier otro trabajador. Aunque la prostitución es legal, no puede realizarse en las calles. Las prostitutas legales tienen que estar detrás de una ventana, vitrina o escaparate y tener su habitación al fondo. Las meretrices tienen que hacerse cargo del alquiler de la vitrina o escaparate, cuyo precio varía según sea diurno o nocturno. 8 horas diurnas suponen actualmente un alquiler de 100 euros, 8 horas durante la noche cuestan 250 euros. El 21% del alquiler corresponde al Estado, que de esta manera es un proxeneta de facto. Si una joven trabaja 5 días a la semana, una media de 8 horas diarias, diurnas, durante un mes, el alquiler le cuesta 4000 euros, si trabaja durante la noche 5 días a la semana, una media de 8 horas diarias, durante un mes, tiene que pagar un alquiler de 10000 euros.

Tanto policías, como trabajadores sociales, autoridades fiscales y sanitarias, y grupos civiles supervisan el cumplimiento del reglamento en el “Red light district”.

Los clientes potenciales recorren las calles del Barrio Rojo, buscando a la prostituta que resulte de su gusto. Estos clientes, de distintas edades, proceden de diversas nacionalidades y clases sociales, El acto sexual se desarrolla en una pequeña habitación, que dispone de cama, armario y lavabo. Tras la entrada del cliente la cortina roja de la vitrina se cierra, para señalar que la trabajadora está ocupada.

Los precios varían, según la experiencia de la meretriz y la duración y el tipo de servicio. Un breve servicio básico de 15 minutos cuesta 100 euros. Este servicio tiene que ser con un hombre, con preservativo y en la postura de los perritos, para no verle la cara y para que el varón acabe más rápido. Cualquier variación se convierte en un servicio especial.  El coste aumenta, si se adapta la prestación sexual a las preferencias del cliente. También atienden a mujeres y a parejas, pero entonces se considera un servicio especial y por consiguiente se incrementa el precio. Una chica puede embolsarse al mes entre 25000 y 30000 euros. Eso sí, en un mes bueno. En meses malos como enero o febrero en que pueden ganar unos 5000 euros, como estos casi se destinan al alquiler del local, optan por no trabajar durante ese tiempo.

En contra de lo que pudiera pensarse, el espectáculo de las prostitutas en los escaparates carece de connotaciones sórdidas o degradantes. Las mujeres, tras las vitrinas, se muestran en poses naturales. Exhiben una ropa interior insinuante, pero el espectáculo no es soez, ni vulgar, sino que roza incluso cierta elegancia. Las miradas de las prostitutas transmiten dignidad y entereza. Obviamente la dignidad no es algo que nos otorguen los demás. La dignidad es un valor que debe residir en nosotros mismos, y no cabe duda, que esas mujeres son conscientes de tenerla, desafiando el estigma social que las rodea.

Los escaparates o vitrinas se concentran en los alrededores de las calles Oudezijds Achterburgwal , Oudezijds Voorburgwal y la plaza de Oude Kerk.

Antes había holandesas ejerciendo esta profesión, pero actualmente la mayor parte de las trabajadoras sexuales son eslavas, mujeres procedentes de Europa del Este, o caribeñas, de Latinoamérica. También hay personas trans.

Los burdeles se legalizaron el 1 de octubre de 2000, con el objetivo de impedir los abusos de los derechos humanos y la trata de personas. Estos establecimientos necesitan un permiso. Por esta razón la prostitución clandestina y sin regularizar, que tiene lugar en otros países, se realiza abiertamente y con todos los controles en los Países Bajos. Sin embargo, la guía del recorrido por el barrio rojo, reconoció que seguía existiendo la trata de blancas, en pequeño porcentaje, y que en determinadas zonas del barrio rojo y especialmente por lo que respecta a mujeres latinoamericanas, se ejerce la prostitución forzada, controlada por diferentes mafias.

Según algunas fuentes, a muchos ciudadanos holandeses les gustaría que esta céntrica zona se dedicara a otro tipo de negocios como la cultura, el arte y las tiendas de diseño. Algunos artistas han logrado establecerse en esta zona.  Esto sucede cuando los propietarios de las vitrinas las pierden, por no haber justificado la procedencia del dinero o por vulnerar la legislación. Los citados locales son confiscados y se les asigna otro uso. Se fomenta la idea de trasladar el negocio de la prostitución a otra zona, con el objetivo de acabar con las molestias de los vecinos del barrio. Creo que las citadas autoridades, para conseguir determinado objetivos, intentan convencer a los vecinos del Barrio Rojo, que su finalidad es evitarles ruido.

Todo indica que actualmente el barrio rojo está envuelto en un proceso de gentrificación, potenciado por la turistificación, que ha catapultado a este barrio a una espiral de especulación inmobiliaria. Hay conversaciones ya en este sentido y las autoridades planean convertir a este emblemático barrio en una urbanización de lujo y trasladar el comercio del sexo a un centro comercial erótico, dotado con vitrinas y con shows porno, ubicado en el extrarradio. Espero que finalmente este escenario distópico no se realice, porque Ámsterdam perdería parte de su encanto y todo un reclamo turístico con valor histórico: un barrio emblemático con gran sabor tanto para los holandeses, como para los visitantes. 

En “De Wallen” se combinan diferentes estilos arquitectónicos entre los que destacan las casas estrechas y altas con fachadas a dos aguas, propias de la arquitectura holandesa. Algunos edificios presentan influencias góticas, como la Oude Kerk del siglo XIV, que es el edificio más antiguo de Ámsterdam. Próximo a la Oude Kerk está Belle, un monumento en bronce, que rinde homenaje a las meretrices.

El Barrio Rojo, emplazado sobre el dique de Ámsterdam, edificado para defender a la ciudad de las mareas, comprende 3 zonas: “De Wallen”, Singelgebied y Ruysdaelka. La calle más comercial por excelencia es la céntrica Warmoestraat, muy concurrida por sus muchos bares. El barrio rojo se extiende entre la plaza Dam y la calle Damrak al oeste y la plaza Niewemarkt al este.

Actualmente el “Red light district” sigue constituyendo una parte importante de Ámsterdam a nivel cultural e histórico y ha dado fama en el mundo entero a Ámsterdam. El Barrio Rojo es un imán turístico, que ofrece un ambiente agradable y seguro, por la vigilancia policial y de guardaespaldas privados. De todas formas, hay que tener cuidado con los carteristas.

Este barrio cambia según el momento del día. Durante las horas de luz presenta un aspecto menos atractivo y animado, aunque hay mujeres tocando las ventanas de los escaparates, para atraer a los clientes. El barrio vibra especialmente durante la noche, a partir de las 11. La gente se adueña de las calles, mientras las rojas luces de neón alumbran los canales. Este singular ambiente dura hasta las 2 ó 3 de la madrugada, cuando las calles se vacían y cierran los negocios.

Igualmente, el Barrio Rojo ofrece variedad de clubes de striptease, teatros sexuales peep shows, sex-shops, el museo de la prostitución, el museo erótico o el museo del cannabis. También hay espectáculos de sexo en directo en el teatro Casa Rosso o en el Moulin Rouge. Además, hay bares y cines gay.

La guía siguió comentando que en Ámsterdam había un importante movimiento hippy y anarquista, añadiendo que el citado colectivo se drogaba con opio de contrabando de China, desembarcado en Rotterdam y enviado a Ámsterdam, capital que se convirtió en un centro de mafias, criminalidad y personas malogradas por el abuso de estupefacientes.

La guía nos informó que Holanda hizo el experimento de legalizar las drogas blandas, para que la población se decantase por éstas, en sustitución de las drogas duras.

Aunque consumir y vender drogas blandas como la marihuana, el hachís y las setas alucinógenas es legal, no ocurre así con su cultivo, lo que revela una contradicción en este sistema, ya que la droga que se comercia procede de Marruecos, de cultivos ilegales, en los que el tráfico y la producción están controlados por mafias. Hay viveros locales, pero la climatología holandesa no es la más indicada para el cultivo de estas plantas, por lo que resulta más rentable, para los comerciantes holandeses del sector, comprar la droga que entra ilegalmente.

Los coffe shops tienen licencia legal para vender marihuana, hachís y setas alucinógenas.  En el sur del país sólo los residentes pueden consumir legalmente drogas blandas.

La guía nos informó que el sistema educativo holandés incluye clases sobre educación sexual y drogas. Además, nos dijo que Holanda precisa de un 2% de trabajadores en el sector servicios y en el de la informática y que en Holanda se celebró el primer matrimonio gay.  Regresé al hotel, donde pasé la noche.

DÍA 8 (sábado). ÁMSTERDAM → ALICANTE.

Tras desayunar, dispuse de tiempo libre hasta la hora de traslado al aeropuerto, para tomar el vuelo a Alicante. Aproveché este último día en Ámsterdam, para realizar el tour guiado de Anna Frank, organizado  por la empresa 360 Amsterdam, que había contratado, seducida por la lectura del “Diario de Ana Frank”.  Siempre y en todo momento tuve en cuenta la recomendación de todos los guías: tener mucho cuidado con los ciclistas. porque las ciudades holandesas están literalmente colonizadas por las bicicletas, que siempre tienen prioridad.

Me dirigí a la hora señalada, al lugar indicado, Visserplein, frente a la Sinagoga Portuguesa, donde me reuní con el resto del grupo y con la guía de 360 Amsterdam.  Procedimos a internarnos por el barrio judío de Ámsterdam, rememorando la historia de Ana Frank y la tormentosa relación entre la capital de Holanda y el régimen nazi, durante la segunda guerra mundial.

Pasamos, entre otros sitios, por el memorial de los nombres del holocausto, con 102000 nombres de judíos deportados desde Países Bajos. Cada uno de los lugares, cada uno de los monumentos, cada uno de los edificios, cada una de las piedras, testigos mudos del curso de la historia, nos hablaba, a través de la mirada de Ana Frank.  Ana Frank  fue una niña judía alemana víctima del Holocausto, conocida universalmente por su diario, escrito de su puño y letra, cuya publicación tuvo gran repercusión a nivel internacional.

La guía refirió que Ámsterdam recibió varias oleadas de migraciones de judíos. La primera durante los siglos XV y XVI, de los judíos sefardíes, que huían de la Inquisición. Estos judíos construyeron la Sinagoga Portuguesa.

La segunda marea migratoria se desarrolló durante los siglos XVII y XVIII, protagonizada por judíos Askenazis, fundadores de un museo judío y de 4 sinagogas.

En 1933 Hitler llega al poder en Alemania y alrededor de 30000 judíos alemanes emigran a Países Bajos, pensando que allí tendrían seguridad. Entre estos judíos desplazados se encontraba la familia Frank, que se estableció en los Países Bajos en 1934.

Como Hitler invade los Países Bajos, el padre de Anna Frank, Otto, planea emigrar a EEUU con su familia. Este plan inicial se frustra cuando Hitler bombardea Rotterdam, donde se ubicaba la embajada americana.

Otto, para eludir la persecución nazi, decide entonces esconderse con su familia, utilizando el edificio administrativo de su empresa en Ámsterdam, ayudado por sus empleados de confianza. La fábrica de Otto producía un componente para mermeladas.  El edificio administrativo también es utilizado como escondite por otra familia, los Van Pels. Además había otra persona escondida, Fritz Pfeffer. Tanto los Frank, como los Van Pels, como Fritz Pfeffer se escondieron entre 1942 y 1944.

La parte del edificio utilizada como escondite, se encontraba tras una estantería giratoria. A través de un pasadizo secreto se accedía a la vivienda, donde convivían los Frank y los Van Pels.

Por desgracia un soldado nazi entró a dicho edificio, buscando radios o bicis, para revenderlas y acabó encontrando a los “escondidos”.

Las familias Frank y Van Pels fueron enviadas al campo de tránsito de Westerbork, Holanda, y posteriormente a Auschwitz, Polonia. De todos ellos solo sobrevivió Otto Frank, que dedicó su vida a preservar la memoria de su hija Ana, creando la Fundación Anne Frank y publicando el diario de su hija.

Edith Frank, la madre de Anne y Margot, se quedó con sus hijas en Auschwitz, hasta que la separaron de ellas. Murió de hambre y agotamiento en 1945. Margot y Ana Frank fueron trasladadas al campo de concentración de Bergen-Belsen, Alemania, donde murieron de tifus en 1945. Hermann Van Pels murió gaseado en Auschwitz en 1944. Auguste Van Pels fue trasladada al campo de concentración de Bergen-Belsen, Alemania y posteriormente al campo de Raguhn y falleció en ruta o poco antes de llegar al campo de Theresienstadt en 1945. Peter  Van Pels estuvo realizando trabajos forzados en Auschwitz, más tarde le obligaron a unirse a una “marcha de la muerte” hacia el interior de Alemania, muriendo extenuado en el campo de Mauthausen en 1945. Fritz Pfeffer murió de enfermedad en el campo de concentración de Neuengamme en 1944.

Durante el obligado encierro Ana Frank escribió un diario, convertido en símbolo de resiliencia, resistencia y lucha contra el odio. A través de este diario los ecos del pasado resuenan con fuerza en el presente, recordándonos que la democracia está amenazada, con las embestidas de la ultraderecha.

Miep, una empleada de Otto, encuentra el diario y lo guarda, con la esperanza de devolverlo a la autora, pero por el fallecimiento de ésta, acaba entregándoselo a Otto, que decide publicarlo, tras eliminar de la publicación varios pasajes en los que Anna habla de su madre, de su cuerpo y del feminismo.

Entre otros lugares emblemáticos admiramos la sinagoga portuguesa, la sede del consejo judío, el Monumento a Auschwitz y el Estibador. Proseguimos el recorrido, conmovidos, tras conocer detalles de los peores episodios de la Segunda Guerra Mundial, como la huelga de febrero o el invierno del hambre.

Nos detuvimos para contemplar la estatua de Anna Frank, realizada por un reputado artista.

Escultura de Ana Frank, Ámsterdam

Finalizamos el tour al llegar al exterior de la casa,, situada en el distrito de Jordaan, donde se escondieron Ana Frank y su familia. Nos quedamos apesadumbrados por la crueldad de algunas acciones humanas.

Actualmente este edificio funciona como un museo, dedicado a narrar la historia de Ana Frank y su familia, durante  más de los 2 años que duró el confinamiento, para eludir la persecución nazi.

En definitiva, resultó una experiencia muy inmersiva, que nos trasladó a los años 40 del siglo XX, haciéndonos partícipes del drama de Ana Frank.

Fotografías: Trip Advisor, web del restaurante “Stamppot”, Civitatis, Beatriz Recio Inés

Crónica: Beatriz Recio Inés