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¿Es posible reabrir el Estrecho de Ormuz sin peajes ni restricciones?

Reabrir el Estrecho de Ormuz sin peajes ni restricciones choca con los intereses políticos de las potencias

Hablar hoy del Estrecho de Ormuz no es solo hablar de una ruta estratégica. Es hablar, sin rodeos, de cómo los gobiernos implicados están utilizando uno de los puntos más sensibles del planeta como herramienta de presión política, ignorando en gran medida las normas que ellos mismos han contribuido a construir.

La pregunta sigue siendo la misma: ¿es posible reabrir el estrecho sin peajes ni restricciones?
La respuesta, si se mira con honestidad, es incómoda: sí es posible legalmente, pero no interesa políticamente.

Un paso vital convertido en arma geopolítica

Por el Estrecho de Ormuz transita cerca del 20% del petróleo mundial, una cifra que lo convierte en una pieza clave para la estabilidad económica global. Lo que debería ser una vía de paso segura y garantizada se ha transformado en un tablero de juego donde las grandes potencias mueven ficha en función de sus intereses.

Y eso tiene consecuencias muy reales: mercados tensionados, precios disparados y economías enteras sometidas a decisiones que poco tienen que ver con la legalidad internacional.

La ley existe pero se ignora

El marco jurídico internacional es claro. La Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece el derecho de tránsito por estrechos internacionales como Ormuz. En términos simples: ni bloqueos arbitrarios ni peajes impuestos unilateralmente tienen cabida en ese marco.

Sin embargo, lo que estamos viendo en la práctica es justo lo contrario.

Se han denunciado medidas como:

  • Restricciones al paso de determinados buques
  • Controles selectivos según intereses políticos
  • Intentos de imponer costes económicos al tránsito

Todo ello contradice el espíritu —y en muchos casos la letra— del derecho internacional.

Pero lo más preocupante no es que esto ocurra, sino la normalidad con la que se está aceptando.

Ni unos ni otros están cumpliendo

Sería un error simplificar el problema señalando a una sola parte. La realidad es que ningún actor clave está actuando con neutralidad ni con voluntad real de garantizar un tránsito libre.

Por un lado, Irán ha utilizado su posición geográfica como herramienta de presión, condicionando el paso y lanzando mensajes claros sobre su capacidad de control.

Por otro, Estados Unidos y sus aliados han respondido con despliegues militares y medidas que, lejos de rebajar la tensión, contribuyen a un escenario de bloqueo de facto.

El resultado es un equilibrio inestable en el que el comercio internacional queda atrapado entre decisiones políticas y estrategias militares.

El coste lo paga el resto del mundo

Mientras tanto, el impacto no se queda en la región.

Cada restricción, cada inspección adicional y cada amenaza de cierre tiene un efecto inmediato en los mercados energéticos. El precio del petróleo reacciona en cuestión de horas, y detrás de él, todo lo demás.

Europa, y especialmente países como España, no tienen capacidad de decisión en este conflicto, pero sí sufren sus consecuencias:

  • Combustibles más caros
  • Energía más inestable
  • Inflación que vuelve a presionar a familias y empresas

Es, en esencia, un problema global gestionado como si fuera local.

Una reapertura real exige algo que hoy no existe

Sobre el papel, la solución es sencilla: respetar las normas internacionales y garantizar un tránsito libre.

Pero en la práctica, eso implicaría algo que hoy parece ausente:

  • Voluntad política real de desescalar
  • Renuncia al uso del estrecho como herramienta de presión
  • Coordinación internacional efectiva

Nada de esto está ocurriendo.

La conclusión que nadie quiere decir

La reapertura del Estrecho de Ormuz sin peajes ni restricciones no es una cuestión técnica ni jurídica. Es una cuestión de poder.

Y mientras las grandes potencias sigan viendo en este enclave una herramienta estratégica más que una infraestructura global, la normalidad seguirá siendo una ilusión.

Porque el problema no es que no se pueda reabrir.
El problema es que no quieren hacerlo en esas condiciones.

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Paco Ciclón / AFPRESS