El PP exige respeto a la Justicia mientras reparte sentencias sin juicio
Lo que está pasando estos días en España no es solo política. Es algo más incómodo. Más difícil de digerir. Es ver cómo quienes reclaman prudencia judicial en unos casos no dudan en señalar, condenar y dictar sentencia en otros sin que ni siquiera haya comenzado el juicio.
Y no, no es una percepción. Es un hecho que se está produciendo en paralelo y a plena luz.
Por un lado, el caso Kitchen, ese episodio oscuro que investiga un presunto espionaje ilegal desde el Ministerio del Interior en 2013 para robar información comprometedora al extesorero del PP, Luis Bárcenas. Un caso que ya está en juicio y que pone sobre la mesa prácticas gravísimas dentro del Estado.
Ahí, el discurso del Partido Popular es claro: respeto absoluto a la Justicia, nada de juicios paralelos, prudencia, esperar a que hablen los tribunales.
Pero, al mismo tiempo, en otro frente judicial completamente distinto, ese mismo partido ha optado por todo lo contrario.
Hablamos del caso de Begoña Gómez.
Porque mientras el proceso judicial sigue su curso —y conviene recordarlo con claridad—, lo que existe hoy es una investigación que ha concluido con una propuesta de enjuiciamiento por varios presuntos delitos, entre ellos tráfico de influencias, malversación o corrupción en los negocios.
Es decir: no hay condena. No hay sentencia. No hay juicio celebrado.
Y, sin embargo, el tono político ha sido otro muy distinto.
Se ha pasado de la prudencia a la condena pública.
Del “dejemos actuar a la Justicia” al “esto ya está claro”.
Del respeto institucional a la utilización política inmediata.
Ese contraste no es menor. Es el centro del problema.
Porque el propio origen del caso de Begoña Gómez ya fue polémico: arrancó en 2024 a raíz de una denuncia basada en informaciones periodísticas, incluso algunas posteriormente cuestionadas o rectificadas, y con la Fiscalía posicionándose en distintos momentos en contra del procedimiento.
Y aun así, sin sentencia, sin juicio, sin pruebas evaluadas en sala, ya hay quienes han decidido que el veredicto está escrito.
Mientras tanto, el caso Kitchen —que sí se está juzgando— sigue delimitado a responsabilidades concretas y ha dejado fuera determinadas derivadas políticas por falta de indicios suficientes según los tribunales.
Ahí sí. Ahí se pide cautela.
Lo preocupante no es solo la incoherencia. Es el precedente.
Porque cuando la presunción de inocencia se convierte en una herramienta selectiva, deja de ser un principio democrático para convertirse en un arma política.
Hoy es Begoña Gómez.
Ayer fue otro.
Mañana puede ser cualquiera.
Y ese es el verdadero problema.
No se trata de defender a unos u otros. Se trata de algo mucho más básico:
o creemos en la Justicia siempre, o no creemos nunca.
Porque si la sentencia depende de quién esté en el banquillo… entonces ya no estamos hablando de Justicia. Estamos hablando de otra cosa.
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Paco Ciclón / AFPRESS

