El mundo mira pero no actúa con contundencia ante Netanyahu y la impunidad internacional
Hay momentos en los que uno se pregunta, con una mezcla de rabia e incredulidad, si de verdad el mundo tiene herramientas para frenar lo que está pasando… o si simplemente ha decidido no utilizarlas.
Porque lo cierto es que, mientras la guerra sigue dejando muertos, desplazados y ciudades enteras reducidas a escombros, la comunidad internacional parece moverse en un terreno incómodo: el de las declaraciones firmes que rara vez se traducen en hechos.
El nombre de Benjamin Netanyahu lleva tiempo en el centro de ese debate. Y no es una percepción aislada o ideológica: hay decisiones y hechos concretos que han colocado su figura bajo el foco del derecho internacional.
En noviembre de 2024, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra Netanyahu y su entonces ministro de Defensa por presuntos crímenes de guerra y contra la humanidad relacionados con Gaza.
Un paso histórico. Pero también, para muchos, insuficiente.
Porque la realidad es incómoda: esas órdenes existen, pero su aplicación depende de los Estados. Y no todos están dispuestos a ejecutarlas.
Mientras tanto, el conflicto no solo no se detiene, sino que se expande. En las últimas semanas, Israel ha intensificado su ofensiva en Líbano, con cientos de muertos en cuestión de días y miles de desplazados, en una escalada que vuelve a golpear a la población civil.
A esto se suman denuncias reiteradas sobre ataques a infraestructuras sanitarias, algo que, según organizaciones y expertos, podría constituir crímenes de guerra si se confirma la intencionalidad.
Y, sin embargo, el tablero internacional sigue prácticamente inmóvil.
La Organización de las Naciones Unidas pide altos el fuego, lanza advertencias y alerta sobre la situación humanitaria. Pero su capacidad de acción real se diluye en el Consejo de Seguridad, donde los vetos bloquean decisiones más contundentes.
En paralelo, el papel de Estados Unidos sigue siendo determinante. Su respaldo político y militar a Israel condiciona cualquier posible giro. De hecho, la presión sobre la propia Corte Penal Internacional ha llegado a incluir sanciones por parte de Washington contra miembros del tribunal en el contexto de estas investigaciones.
Es decir, el mismo sistema que debería garantizar justicia internacional también está sometido a tensiones políticas que limitan su alcance.
Mientras tanto, dentro de Israel, la figura de Netanyahu tampoco atraviesa su mejor momento. Las críticas internas han aumentado tras decisiones militares cuestionadas y conflictos sin objetivos claros cumplidos, lo que ha erosionado su apoyo político.
Y aquí es donde surge la gran pregunta que muchos se hacen, casi en voz baja:
¿hasta qué punto el mundo no puede actuar… o simplemente no quiere hacerlo?
Porque herramientas existen. Tribunales, sanciones, presión diplomática. Pero todas dependen de algo que no siempre aparece en los discursos oficiales: la voluntad política.
Y ahí, en ese punto exacto, es donde todo se atasca.
Paco Ciclón / AFPRESS



