El puerto de Santa Pola se queda en silencio por el futuro de la pesca
Hoy el madrugón en Santa Pola ha tenido un sabor amargo. No se escuchaba el habitual trasiego de cajas ni el motor de los barcos saliendo a faenar. Nuestras familias marineras han dicho basta y la lonja se ha quedado vacía en una jornada de huelga que duele ver, pero que ellos sienten como su última carta para sobrevivir. Los pescadores locales se han plantado contra las cuotas y las restricciones que llegan desde Bruselas, esas que parecen no entender que detrás de cada red hay una forma de vida que se apaga.
La propia alcaldesa, Loreto Serrano, ha bajado al puerto para estar con ellos, porque en Santa Pola el mar no es solo paisaje, es el pan de cada día. La sensación a pie de muelle es de agotamiento; no piden privilegios, solo que les dejen trabajar sin que las normativas europeas les asfixien el cuello. Es un paro que se siente en cada rincón del municipio, recordándonos que si el puerto se para, el corazón de Santa Pola deja de latir con la misma fuerza.


