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La historia negra del ferrocarril en España: de los grandes descarrilamientos del siglo XX a las tragedias del AVE

Un recorrido marcado por la modernización… y por la tragedia

El ferrocarril ha sido uno de los grandes motores de desarrollo en España desde mediados del siglo XIX. Sin embargo, junto al progreso, la historia ferroviaria del país también ha quedado marcada por una sucesión de accidentes graves que han costado la vida a centenares de personas y que han impulsado profundas reformas en seguridad, señalización e infraestructuras.

Desde los primeros tiempos del vapor hasta la actual red de alta velocidad, cada gran siniestro ha supuesto un antes y un después en la concepción del transporte ferroviario.

Los grandes accidentes del siglo XX

Durante el pasado siglo se produjeron algunas de las mayores tragedias ferroviarias de Europa.

El accidente más grave de la historia del tren en España tuvo lugar en Torre del Bierzo (León) en 1944. Un tren correo que cubría la línea Madrid-Asturias perdió el control en una zona de túneles y colisionó con otros dos convoyes. La cifra real de víctimas nunca pudo ser confirmada oficialmente, pero las estimaciones sitúan los fallecidos entre 200 y 500 personas, en plena posguerra y con medios de rescate muy limitados.

En 1969, el descarrilamiento del tren Barcelona-Sevilla en Herrera de Pisuerga (Palencia) dejó más de 40 muertos. Años después, en 1980, otro choque frontal en Los Alfaques (Tarragona), aunque no estrictamente ferroviario sino por una explosión de un camión cisterna en un paso a nivel, volvió a evidenciar los riesgos de una red todavía con numerosos cruces peligrosos.

Los años noventa y la llegada de la alta velocidad

La modernización de la red ferroviaria a partir de los años noventa redujo drásticamente el número de accidentes, pero no los eliminó por completo.

En 1992, el descarrilamiento de un tren en Arévalo (Ávila) dejó 14 muertos. En 2003, un tren Talgo descarriló en Chinchilla (Albacete) tras una colisión con otro convoy de mercancías, provocando 19 fallecidos y decenas de heridos.

Estos accidentes marcaron un punto de inflexión en la implantación de nuevos sistemas de control automático y en la mejora de la formación de los maquinistas.

El accidente de Santiago, una herida abierta

El siniestro más grave de la España democrática ocurrió el 24 de julio de 2013 en la curva de Angrois (Santiago de Compostela). Un tren Alvia que cubría la ruta Madrid-Ferrol descarriló a más del doble de la velocidad permitida en una curva cerrada a la entrada de la ciudad.

El balance fue devastador: 80 fallecidos y más de 140 heridos. El accidente puso en cuestión los sistemas de seguridad en determinados tramos de la red de alta velocidad y abrió un largo proceso judicial que todavía hoy sigue siendo una referencia en materia de responsabilidades técnicas y políticas.

Una red más segura, pero no infalible

España cuenta actualmente con una de las redes de alta velocidad más extensas del mundo y con unos índices de seguridad entre los más altos de Europa. La implantación del sistema europeo ERTMS, los controles automáticos de velocidad y la renovación constante de infraestructuras han reducido de forma notable los riesgos.

Sin embargo, tragedias recientes como el accidente ocurrido entre Madrid y Andalucía demuestran que, pese a los avances tecnológicos, el ferrocarril sigue siendo un sistema complejo donde el más mínimo fallo puede tener consecuencias dramáticas.

La memoria de las víctimas como motor del cambio

Cada accidente ha servido para mejorar protocolos, reforzar controles y exigir mayores estándares de seguridad. La memoria de las víctimas continúa siendo el principal motor para que la red ferroviaria española avance hacia un modelo cada vez más fiable, eficiente y humano.

Crónica: AFPRESS