Tradición y convivencia popular en la Fiesta de San Antón del barrio ilicitano
La Fiesta de San Antón ha vuelto a convertir al histórico barrio ilicitano en punto de encuentro de fe, convivencia y cultura popular. Desde primeras horas de la mañana, el repique de campanas anunció la salida de la imagen del santo desde la parroquia, marcando el inicio de una jornada que cada año reúne a vecinos de toda la ciudad y de distintos municipios de la provincia.
La imagen de San Antón recorrió las calles a hombros de los costaleros, acompañada por un cortejo en el que no faltaron familias completas, vecinos de toda la vida y visitantes atraídos por una de las celebraciones con mayor arraigo del calendario local. Los balcones aparecieron adornados con pañuelos y símbolos religiosos, mientras a pie de calle se repetían los tradicionales “¡Viva San Antón!”, reflejo de un sentimiento colectivo que se transmite de generación en generación.
Tras el recorrido procesional, la imagen quedó situada en la puerta de la parroquia y dio comienzo el acto de bendición de animales, uno de los momentos centrales de la festividad. Cientos de personas acudieron con sus mascotas —perros, gatos, aves o conejos— para recibir la protección del patrón. El párroco fue bendiciendo uno a uno a los animales, mientras sus dueños recibían el rosco de pan bendecido, símbolo de una tradición que se mantiene intacta con el paso de los años.
La jornada continuó en la zona de acampadas y hogueras, espacio donde la fiesta adquiere un carácter más popular y gastronómico. Allí se reúnen cuadrillas y familias que convierten el entorno en un gran punto de convivencia. Entre ellas destacó la historia de Rafael, vecino habitual de la celebración, que conserva una botella de vermut de varios litros convertida casi en emblema de su grupo. Según relató, la botella acompañó durante décadas la acampada sin abrirse, hasta que el nacimiento de su hijo se convirtió en el motivo para destaparla y compartir su contenido. Desde entonces continúa presente cada año, ahora rellena de vino, como un elemento cargado de valor sentimental.
En ese mismo ambiente festivo, José Vicente y su equipo prepararon una paella de grandes dimensiones, elaborada con numerosos kilos de arroz, carne y condimentos, cocinada a leña y compartida entre decenas de comensales. Junto a ella, otra hoguera más pequeña se dedicó a la preparación de calçots, que se convirtieron en uno de los platos más demandados de la jornada.
A la celebración se sumaron también varios sanitarios de la organización DYA, entidad sin ánimo de lucro que durante la mañana había colaborado como voluntaria en la Media Maratón de Santa Pola. Tras su labor asistencial, compartieron mesa y descanso con los vecinos, reflejando el espíritu solidario que caracteriza a estas fiestas.
La Fiesta de San Antón volvió así a demostrar su capacidad para unir devoción, tradición y vida de barrio, consolidándose como una de las citas más queridas del invierno en la provincia de Alicante.
Paco Ciclón
Vecino de Elche y testigo de nuestras historias cotidianas / AFPRESS


