Un estudio alerta del vínculo entre perfeccionismo, deporte de competición y adicción al ejercicio
La ciencia vuelve a poner el foco en los límites entre el deporte saludable y el ejercicio compulsivo. Investigadores de ISABIAL y la Universidad Miguel Hernández de Elche han identificado que el perfeccionismo y la práctica deportiva en contextos competitivos se asocian a un mayor riesgo de desarrollar adicción al ejercicio físico.
El estudio, publicado en la revista Addictive Behaviors, ha analizado a más de mil jóvenes con una edad media de 25 años, tanto atletas como no atletas, a través de cuestionarios sobre hábitos deportivos, motivaciones personales, rasgos de personalidad y relación emocional con la actividad física. Para interpretar los datos, el equipo recurrió a técnicas de inteligencia artificial que permitieron identificar patrones complejos entre múltiples variables.
Según explica el investigador Thomas Zandonai, autor principal del trabajo, el ejercicio es esencial para la salud, pero cuando se transforma en una obligación constante puede tener efectos negativos a nivel físico, psicológico y social. Los resultados muestran que el perfeccionismo es el predictor más sólido del riesgo de adicción, seguido de objetivos relacionados con la imagen corporal, como adelgazar o aumentar la masa muscular.
El patrón se repite tanto en deportistas profesionales como amateurs, aunque en estos últimos el riesgo es mayor que en personas que practican ejercicio de manera recreativa. En total, el estudio analizó 27 factores diferentes vinculados a la conducta deportiva.
Aunque no se observaron diferencias significativas entre hombres y mujeres, la doctora Ana Peiró, investigadora de ISABIAL, subraya que la falta de datos específicos sobre mujeres sigue siendo una limitación en la investigación deportiva, lo que condiciona el diseño de protocolos de entrenamiento y prevención de lesiones.
La adicción al ejercicio comparte características con otras conductas adictivas y se relaciona con trastornos de la conducta alimentaria, lo que complica su diagnóstico. Los investigadores aclaran que los resultados no permiten establecer diagnósticos individuales, pero sí identificar perfiles de riesgo que pueden beneficiarse de apoyo profesional.

