Las familias protagonistas en el funeral de Estado por la DANA en la Comunitat Valenciana
Mañana tendrá lugar el funeral de Estado en homenaje a las víctimas de la DANA del 29-octubre de 2024. Familias en el centro, autoridades tras ellas y una presencia institucional controvertida que marcará el espacio simbólico del sepelio.
El ambiente se presenta cargado de emoción, recuerdos, silencios y miradas que ya no esperan respuestas, pero siguen exigiendo memoria. Mañana, en Valencia, se celebrará el acto oficial en homenaje a las víctimas de la DANA del 29 de octubre de 2024, y con él se ha preparado una distribución muy cuidada de los asistentes. Su objetivo: situar a las familias en el lugar central, otorgarles visibilidad y respeto, y reconocer el protagonismo que les corresponde.
Las familias, en el corazón del homenaje
En esta ceremonia institucional, las personas más directamente afectadas —las familias que han perdido a un ser querido en la catástrofe— ocuparán la ubicación principal. Según lo previsto por la organización, se han reservado cuatro familiares por víctima para asistir al acto.
Se prevé que esas familias se sitúen en la zona más próxima al escenario, frente a las autoridades, de modo que su presencia sea vista, reconocida y escuchada.
Este planteamiento refleja un compromiso explícito: que este homenaje no sea sobre políticos o instituciones, sino sobre las personas que han vivido la pérdida. Como lo expresaba la presidenta de una de las asociaciones de víctimas: “Reserva sólo un papel relevante para la Casa Real y los familiares”.
De hecho, la ceremonia se ha diseñado como un “funeral de Estado” aconfesional, sobrio, sin protagonismos adicionales.
Autoridades e instituciones: sitio secundario, pero obedeciendo al protocolo
Tras las familias, se ubicará el conjunto de autoridades e instituciones convocadas: la Corona (los Reyes de España), el Gobierno central, los presidentes de comunidad autónoma de las zonas afectadas, representantes de Ayuntamientos, cuerpos de emergencias, etc. Según los planes oficiales, el homenaje “reservará sólo un papel relevante” para la Casa Real y los familiares, situando al resto en posiciones de respeto, pero secundarias.
El lugar físico que ocupen las autoridades estará determinado por el protocolo habitual en actos de Estado, por precedencias, por la cercanía al escenario, y también por el deseo –manifiesto– de que los servicios institucionales no eclipsen el duelo de las familias.
¿Y Carlos Mazón?
La figura del presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, ha generado un debate previo al acto. Las asociaciones de víctimas han manifestado públicamente su rechazo a que participe en el funeral. Como recoge la prensa, han señalado que “es muy doloroso saber que … la persona que fue el máximo responsable de la muerte de nuestros familiares vaya a estar ahí”.
Tenido esto en cuenta, si se decide que acuda, lo más coherente con el planteamiento de respeto al dolor de las familias sería que se le ubicase en una posición simbólicamente lo más alejada posible del protagonismo: por ejemplo, detrás de las autoridades protocolarias o incluso fuera del primer anillo reservado para familiares y autoridades principales, para que no interfiera visualmente con la centralidad de las familias en el acto.
En concreto, la distribución que consideramos adecuada sería:
Las familias de las víctimas al frente, cara al escenario.
A continuación, la Corona y los familiares más directos.
Después, los máximos cargos institucionales (Gobierno central, Presidentes autonómicos, etc.).
Más allá de ese espacio, y sin protagonismo visible, el presidente autonómico Carlos Mazón, en un asiento que evite focalizar atención o generar conflicto entre las familias y la institución.
De este modo se reconoce la petición de las víctimas —que su dolor quede en primer plano— y al mismo tiempo se permite el cumplimiento formal de la invitación institucional, sin que la presencia genere una sensación de protagonismo ofensivo.
Por qué es importante esta distribución
Cada decisión de ubicación en un acto de homenaje tiene peso simbólico. Colocar a las familias delante responde a que, en palabras de las asociaciones de víctimas, “nosotros somos las protagonistas” del homenaje, no las instituciones.
Situar a las autoridades detrás ayuda a expresar que la responsabilidad última del Estado es acompañar y reconocer, más que presidir el acto.
Y dar a Carlos Mazón un lugar de respeto, pero sin protagonismo, atiende esa petición dolorosa de las víctimas y reduce el riesgo de que el acto se convierta en foco de tensiones o de nuevas heridas.
Un acto de memoria, pero también de responsabilidad
Este funeral de Estado se celebra el 29 de octubre de 2025 a las 18:00 horas en el Museo Príncipe Felipe de la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia.
Aunque es un acto solemne, la prioridad declarada es emocional: acompañar a las familias en su duelo, poner caras a los nombres que se repiten, reconocer que el país no debe olvidar. La distribución de los asistentes es una parte de ese mensaje: quién está delante, quién atrás, quién debe hablar y quién simplemente debe escuchar.
En ese espíritu, mañana se espera que las miradas se centren en las sillas vacías, en los nombres que se leerán, en el minuto de silencio, más que en trajes, protocolos o discursos institucionales. Porque, como señalan los afectados, este homenaje debe ser para ellos, no para quien quizá debió impedir la tragedia.
Conclusión
El diseño de la distribución de asistentes al acto de sepelio oficial es un ejemplo de cómo el protocolo se pone al servicio del duelo y de la memoria. Poner a las familias delante, situar a las autoridades detrás, y dar al presidente autonómico Carlos Mazón un lugar subordinado, es una forma de reconocer, con humildad, que en este tipo de homenajes el centro es el dolor humano, no la gestión política. Mañana, en Valencia, se abrirá un espacio de silencio, reparación simbólica y respeto. Y la ubicación de cada persona servirá como parte de ese lenguaje sin palabras.


