La desastrosa gestión de Carlos Mazón y su equipo durante la DANA
La tarde del 29 de octubre de 2024 quedará marcada como una de las más trágicas en la historia reciente de la Comunitat Valenciana. Aquella jornada, la DANA descargó con una violencia inusitada sobre numerosos municipios, desbordando barrancos y ríos que arrasaron viviendas, vehículos y, lo más doloroso, se cobraron la vida de cientos de personas.
El balance oficial fue de 228 víctimas mortales, una cifra estremecedora que, meses después, se elevó a 229 al reconocerse también al hijo no nacido de una mujer embarazada fallecida durante la catástrofe. Detrás de estas cifras se esconden familias destrozadas y pueblos enteros que nunca volverán a ser los mismos.
Pueblos sumergidos en dolor
Catarroja, Silla y Paiporta vivieron escenas difíciles de olvidar. En Catarroja, el barranco del Poyo se desbordó con una rapidez devastadora, convirtiéndose en una trampa mortal. Más de una veintena de vecinos murieron allí. Las imágenes de calles convertidas en ríos marrones, de vecinos refugiados en azoteas y de coches arrastrados como juguetes, siguen grabadas en la memoria colectiva.
En Silla y Paiporta, el panorama fue igualmente dramático: bajos y garajes anegados en minutos, familias atrapadas en sus casas y rescates improvisados en condiciones extremas. Cada historia personal refleja la magnitud de la tragedia: desde mayores que no pudieron salir de sus hogares a tiempo, hasta matrimonios sorprendidos en carretera y jóvenes que perdieron la vida intentando ayudar a otros.
El Barranco del Pollo en Chiva, símbolo de la tragedia
El municipio de Chiva vivió el episodio más demoledor en el Barranco del Pollo. Lo que comenzó como una corriente tranquila se transformó en cuestión de minutos en una ola oscura y descontrolada que superó los dos metros de altura. El agua arrasó calles enteras, destruyó viviendas y arrastró vehículos.
Vecinos de la zona recuerdan aquel momento con angustia: el rugido del agua parecía un trueno interminable y, de repente, todo lo construido durante años desaparecía bajo la riada. Muchos señalan que la construcción en zonas inundables y los puentes estrechos agravaron una situación que ya era crítica.
El retraso en las alertas
Uno de los aspectos más cuestionados fue la tardanza en la notificación de alertas a la población. El mensaje masivo a móviles no se envió hasta las 20:11 horas, cuando en Catarroja ya se contaban las primeras víctimas y en Chiva la riada había arrasado manzanas enteras. Rescatistas y vecinos coinciden en que ese retraso pudo marcar la diferencia entre la vida y la muerte para muchas personas.
Una gestión política bajo crítica
Mientras el agua arrasaba pueblos, la ciudadanía esperaba liderazgo. Sin embargo, el relato posterior refleja un vacío de poder en los momentos más críticos. La vicepresidenta Susana Camarero, con competencias en emergencias, apenas participó en la reunión clave del Cecopi. El presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, no apareció físicamente en el centro de mando hasta tres horas después del inicio de la emergencia.
La explicación oficial fue que se encontraba en una comida de trabajo. La periodista Maribel Vilaplana, presente en ese encuentro, relató después en una carta pública que la reunión se alargó y que, aunque hubo llamadas, no percibió urgencia en la actitud del presidente.
Borrados y contradicciones
A la confusión se sumó un mensaje en redes sociales desde la cuenta oficial de Mazón, donde se aseguraba que la tormenta se desplazaba hacia Cuenca. Horas más tarde ese tuit fue eliminado. “Estaba desactualizado”, se justificó. Para muchos ciudadanos, fue un símbolo de desconexión con la realidad que vivían los municipios afectados.
La herida social y política
Tras la tragedia, llegaron los funerales colectivos, las manifestaciones y la exigencia de responsabilidades. La oposición reclamó comisiones de investigación y dimisiones. Mazón pidió disculpas y reconoció errores, pero para miles de familias el sentimiento de abandono sigue pesando.
La víctima número 229
En septiembre de 2025, la jueza del caso decidió incluir también al bebé no nacido de una mujer fallecida, elevando a 229 las víctimas mortales. Una decisión que recuerda que no se trató de cifras, sino de vidas truncadas y sueños rotos.
Una herida aún abierta
Hoy, Catarroja, Silla o Chiva siguen mostrando cicatrices visibles en calles y viviendas, pero sobre todo en la memoria de sus vecinos. El Barranco del Pollo, aparentemente tranquilo, es un recordatorio constante de la fuerza del agua y de la necesidad de una gestión política eficaz que nunca más deje a la ciudadanía sola.
La DANA del 29 de octubre de 2024 fue más que una catástrofe natural: fue un fracaso de gestión que aún duele en la Comunitat Valenciana.
Fotografías: OpenAi





