Manuel Ponce García ciclista ilicitano que recorrió España con la Dama de Elche como símbolo de unidad y orgullo local
El ciclista ilicitano Manuel Ponce recorrió España en solitario repartiendo réplicas de la Dama de Elche
Elche 2025 – La historia de Manuel Ponce García es la de un hombre corriente que convirtió su pasión por la bicicleta y por su ciudad en un acto de profunda significación cultural y social. Nacido en Badalona en 1917, pero afincado en Elche desde la infancia, este ciclista aficionado protagonizó en 1970, a los 53 años, una hazaña sin precedentes: recorrió en solitario la península ibérica en bicicleta entregando réplicas de la Dama de Elche a los alcaldes de cada localidad que visitaba. Su gesta, promovida con el respaldo de Radio Elche, trascendió el plano deportivo para convertirse en un acto simbólico de unidad, identidad local y homenaje al patrimonio ilicitano.
Manuel Ponce es recordado no solo como un amante del ciclismo, sino también como un superviviente de la Guerra Civil, un emprendedor textil, un aficionado incondicional del Elche C.F. y una figura entrañable para generaciones de ilicitanos que aún hoy recuerdan su “vuelta con la Dama” como un hito de orgullo popular.
De Badalona a Elche con el espíritu de superación como bandera
Aunque nacido en Badalona, Ponce se trasladó con su familia primero a Chinchilla de Montearagón cuando apenas tenía siete meses y, posteriormente, a Elche, donde se establecieron de forma definitiva cuando él contaba siete años. Desde niño manifestó un entusiasmo “desmedido por las bicicletas”, según recuerdan quienes lo conocieron.
Su vida laboral comenzó en la Tintorería López, pero no tardó en iniciar su propio camino empresarial con la apertura del comercio textil “Los Cinco Mil Colores”, donde además conoció a su futura esposa. Compaginó el trabajo con su verdadera pasión: recorrer en bicicleta las calles, caminos y puertos del entorno ilicitano. Tal era su implicación que llegó a inscribirse en 1936 para participar en la Vuelta Ciclista a España, aunque el estallido de la Guerra Civil Española truncó ese sueño deportivo.
Soldado republicano y superviviente del horror
Durante la guerra, Manuel Ponce se alistó en el Ejército Republicano con apenas 19 años, participando en algunas de las batallas más significativas del conflicto: Belchite, Pozoblanco, Guadalajara, el Ebro y Teruel. En el frente del Ebro fue víctima de una explosión que destruyó un puente, siendo dado por desaparecido. Milagrosamente sobrevivió y fue atendido en el hospital de San Pablo de Barcelona.
Tras la victoria franquista, fue condenado a trabajos forzados y participó como prisionero en la construcción del túnel de Viella, en los Pirineos. Incluso fue condenado a pena de muerte, aunque logró salvarse “gracias a la ayuda de un amigo y a la desaparición de su expediente en un incendio en el archivo de Albacete”, según recoge su ficha biográfica en la Memoria Digital de Elche, iniciativa de la Cátedra Pedro Ibarra de la Universidad Miguel Hernández.
Cumplida su condena, pasó tres años de servicio militar obligatorio en Valladolid antes de regresar a Elche, donde abrió un modesto quiosco de prensa en la calle Antonio Sansano del barrio del Canal. A pesar de las duras condiciones de la posguerra, su pasión por el ciclismo nunca se desvaneció.
Un animador del estadio y un embajador sobre ruedas
En los años 60 y 70, su figura se hizo habitual en el entorno del antiguo estadio de Altabix, donde solía dar varias vueltas en bicicleta antes de los partidos del Elche Club de Fútbol, animando a la afición y contribuyendo al ambiente festivo que envolvía cada encuentro. Fue también protagonista de un acto peculiar en 1969, cuando pedaleó más de 400 kilómetros hasta Madrid para presenciar la final de la Copa del Generalísimo entre el Elche y el Athletic de Bilbao.
Pero el gesto que lo inmortalizó entre los ilicitanos fue su “vuelta ciclista a España” en 1970. Sin competir oficialmente, sin patrocinadores más allá del apoyo mediático de Radio Elche, y sin ánimo de lucro, Ponce se embarcó en una travesía personal. Llevaba consigo 48 réplicas de la Dama de Elche, que fue entregando a los representantes municipales de cada localidad visitada. A sus 53 años, su motivación era clara: llevar el símbolo de la ciudad ilicitana por todos los rincones de España y estrechar lazos de hermandad.
Esta iniciativa, recogida por las crónicas de la época, fue interpretada como un acto de diplomacia cultural desde el corazón del pueblo ilicitano. En un tiempo donde la imagen de la Dama de Elche no gozaba aún de la proyección internacional actual, Ponce contribuyó activamente a su difusión como emblema cultural.
Un legado de esfuerzo, identidad y afecto popular
La figura de Manuel Ponce García se ha consolidado como una de las más representativas de la identidad local de Elche en el siglo XX. Lejos de los focos del deporte profesional, su vida fue ejemplo de resiliencia, compromiso cívico y pasión comunitaria. Su memoria está presente en documentos, entrevistas y testimonios recogidos en el portal de la Memoria Digital de Elche, que lo consagra como símbolo de entrega desinteresada a su ciudad.
Aunque no recibió reconocimientos institucionales de gran envergadura en vida, su figura es honrada constantemente en charlas, artículos y encuentros de carácter deportivo y cultural. Asociaciones vecinales, clubes deportivos y entidades patrimoniales han incorporado su historia como ejemplo inspirador de unión entre cultura, deporte e identidad local.
A día de hoy, su historia se utiliza en actividades educativas y de memoria histórica para ilustrar el valor de las pequeñas grandes gestas, realizadas por ciudadanos anónimos que, con esfuerzo y convicción, se convierten en referentes colectivos. Su quiosco, su bicicleta, su vuelta con la Dama y su amor por el Elche C.F. siguen resonando en el recuerdo de quienes lo vieron pasar.
Una vida que aún pedalea en la memoria de Elche
La historia de Manuel Ponce García no solo es un testimonio de amor por la bicicleta. Es también la historia de un hombre que, habiendo sobrevivido a una guerra, a una condena injusta y a la dureza de la posguerra, supo canalizar su energía en un proyecto de paz, arte y cercanía. Con cada pedaleada, construyó puentes de afecto y transmitió un mensaje de fraternidad. Hoy, su ejemplo forma parte del patrimonio inmaterial de Elche y de la historia del deporte aficionado en España.




