CINE | VACACIONES EN ROMA

Película de 1953, cuyo título original es Roman holiday, dirigida por William Wyler, con guión de Dalton Trumbo,, con fotografía de Franz Planer, con música de Georges Auric, interpretada por Audrey Hepburn, Gregory Peck, Eddie Albert, Hartley Power, Harcourt Williams, Margaret Rawlings y Tullio Carminati entre otros actores. Por su relevancia al ser “cultural, histórica o estéticamente significativa”, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos la seleccionó para su conservación en el National Film Registry en 1999. Obtuvo los siguientes Oscars: mejor actriz para Audrey Hepburn, mejor argumento para Dalton Trumbo y Mejor Diseño de vestuario para Edith Head.

Como anécdota se puede resaltar que el propio Dalton Trumbo no pudo aparecer en calidad de guionista en los títulos de crédito originales de la película, al estar incluido en la lista negra de Hollywood como “sospechoso de tener simpatía hacia el comunismo” durante la caza de brujas de Hollywood, emprendida por el senador Mc. Arthy. Posteriormente y de forma póstuma fue restituido en los créditos de la película y el Oscar lo recogió su viuda.

La película trata de Anna, princesa de un país centroeuropeo, que durante una estancia oficial en Roma, agobiada por el protocolo, huye del palacio donde se hospeda, para recorrer la ciudad de incógnito. Allí conoce a un periodista buscavidas norteamericano Joe, que aparenta no reconocerla, para conseguir una exclusiva.

Mientras la joven e ingenua Anna oscila entre el amor que le profesa a Joe y el deber al que le obliga su condición social de princesa, el maduro y curtido Joe bascula entre la atracción amorosa, que le inspira la joven Anna y el interés económico, que le puede suponer un jugoso reportaje sobre las andanzas de la pizpireta princesa en Roma.

La Hepburn en estado de gracia con su desparpajo y buen hacer conquista a la cámara, aunque carezca de las sensuales curvas que se llevaban en la época. Por otra parte… ¿Qué mujer, con sangre en las venas, se resistiría a circular por las calles de la Ciudad Eterna, montada en una flamante vespa, a modo de caballo moderno y abrazada al más que atractivo Gregory Peck?

En un contexto, marcado por la recuperación económica de Europa tras la dura postguerra, que invita al optimismo, se desarrolla una acción volcada en el gozo de vivir.

Me parece relevante, a estas alturas, hacer una breve reflexión sobre la monarquía en los siglos XX y XXI, una institución, que a todas luces agoniza, ya que sólo desempeña un papel meramente protocolario y representativo, sin detentar el poder real. Poder que poseía en otras épocas y que le arrebató progresivamente la Burguesía, a raíz de la evolución experimentada por la economía a partir del siglo XII.

El director extrae el máximo partido al brillante guión de Trumbo, componiendo una comedia romántica, ligera y fresca, que no ha perdido fuelle con el paso del tiempo y que se puede saborear tanto en solitario como en pareja.

Wyler aprovecha para lanzar certeros dardos sobre cierto tipo de periodismo, por lo que esta película constituye una suerte de venganza de Hollywood contra el periodismo sensacionalista, si bien los “famosos” necesitan a la prensa para mantener la atención pública focalizada sobre ellos, es decir, como vehículo propagandístico. Como decía el genial escritor irlandés Oscar Wilde “ Solo hay una cosa peor a que hablen mal de uno y es que no hablen en absoluto de uno”.(“There is only one thing in life worse than being talked about, and that is not being talked about”).

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Crónica: Beatriz Recio Inés