CINE | LA CUMBRE ESCARLATA

Película de 2015, dirigida por el director mexicano Guillermo del Toro e interpretada entre otros actores por  Mia Wasikowska, Jessica Chastain y Tom Hiddleston.

La película trata de una bella americana, Edith Cushing, dividida entre el cariño que siente por un amigo de la infancia y la atracción que experimenta  por el atractivo y enigmático aristócrata Sir Thomas Sharpe.  Finalmente la joven se casa con  este noble, arruinado y marcha a vivir con su esposo y la hermana de éste, Lady Lucille Sharpe, a   la casa familiar, en Cumbria, Inglaterra.   La mansión es inhóspita y está muy deteriorada, lo que manifiesta  la decadencia de sus dueños. Los espíritus que la habitan se ponen en contacto con la heroína, para advertirla de un riesgo inminente . Pronto se percata de que las anteriores mujeres de su marido han muerto en circunstancias sospechosas y de que ella puede ser la próxima víctima.

En la película sobresalen dos personajes contrapuestos, Edith, la escritora americana, moderna e independiente, la mariposa, con indumentaria de tonos luminosos, que simboliza el nuevo mundo, América, marcado por el progreso y Lucille, la aristócrata  anticuada, la polilla, ataviada con trajes de tonos apagados, que representa el mundo antiguo, Europa, anclado en el pretérito.

Por otra parte el pasado de la protagonista, Edith, influido por un padre protector, contrasta con el de los endogámicos aristócratas, Thomas y Lucille, marcado por carencias afectivas.

Por lo que se refiere a los aspectos formales, el color estalla  en la pantalla, desafiando los códigos cromáticos del género gótico, donde predominan los tonos sombríos. Destaca la omnipresencia del color rojo, que remite a la sangre y como consecuencia al crimen.

La cumbre escarlata aborda temas como la relación antagónica entre la vieja Europa y el Nuevo Mundo y la incipiente independencia de la mujer, mostrando una época de transición, afectada por la impronta de la industrialización y por los últimos coletazos del orbe feudal.

TRAILER

Crónica: Beatriz Recio Inés