La explosión de Beirut demuestra la importancia de las normas a la hora de almacenar materiales peligrosos

La explosión del pasado martes en Beirut, la capital del Líbano, que dejó más de cien muertos y miles de heridos, fue provocada por unas 2 700 toneladas de nitrato de amonio que se almacenaban cerca del puerto de mercancías.

La fórmula química del nitrato de amonio es NH₄NO₃. Se fabrica en forma de pequeños gránulos porosos o prills y es uno de los fertilizantes más utilizados en todo el mundo.

También es el componente principal de muchos tipos de explosivos para minería, donde se mezcla con fuel y se detona mediante una carga explosiva.

Para que suceda un siniestro industrial debido al nitrato de amonio, tienen que fallar muchas cosas. Por desgracia, ese parece haber sido el caso de lo ocurrido en Beirut.

¿Qué pudo causar la explosión?

El nitrato de amonio no arde por sí solo. En cambio, actúa como fuente de oxígeno que puede acelerar la combustión (quema) de otros materiales.

Para que se produzca una combustión, debe haber oxígeno. Los gránulos de nitrato de amonio proporcionan un aporte de oxígeno mucho más concentrado que el aire que nos rodea. Por ello, es eficaz en los explosivos para minería, donde se mezcla con petróleo y otros combustibles.

Sin embargo, a temperaturas lo suficientemente altas, el nitrato de amonio se puede descomponer violentamente por sí solo. Este proceso genera gases, entre los que se encuentran óxidos de nitrógeno y vapor de agua. Esta rápida liberación de gases es lo que causa la explosión.

La descomposición del nitrato de amonio se puede desencadenar si se produce una explosión en el lugar en el que se almacena o si hay cerca fuego intenso. Esto último es lo que sucedió en la explosión de Tianjin de 2015, donde murieron 173 personas, tras almacenar conjuntamente sustancias químicas inflamables y nitrato de amonio en una planta de productos químicos en el este de China.

Aunque no se sabe con certeza qué causó la explosión en Beirut, las imágenes del incidente indican que pudo haber sido causada por un incendio, visible en una parte de la zona portuaria de la ciudad antes de la explosión.

Es relativamente difícil que un incendio provoque una explosión de nitrato de amonio, ya que el fuego debería ser prolongado y mantenerse acotado en la misma área que los gránulos de nitrato de amonio.

Además, los gránulos en sí mismos no son combustible para el fuego, por lo que tendrían que estar contaminados o empaquetados con algún otro material combustible.

Riesgo para la salud de los habitantes

Se ha informado de que en Beirut se guardaban en un almacén 2 700 toneladas de nitrato de amonio desde hacía seis años sin los controles de seguridad adecuados.

Probablemente esto haya contribuido a las trágicas circunstancias que dieron lugar a un incendio industrial común que causó tal devastadora explosión.

Una explosión de nitrato de amonio produce cantidades enormes de óxidos de nitrógeno. El dióxido de nitrógeno (NO₂) es un gas rojo y maloliente. Las imágenes de Beirut revelan un marcado color rojizo en la columna de gases de la explosión.

Los óxidos de nitrógeno se encuentran de forma común en la contaminación atmosférica de las ciudades y pueden causar irritaciones en el sistema respiratorio. Unos niveles elevados de estos contaminantes son especialmente preocupantes para las personas con enfermedades respiratorias.

En Beirut, los gases supondrán un riesgo para la salud de sus habitantes hasta que se disipen naturalmente, lo que podría llevar varios días, en función del clima local.

Un recordatorio importante

En algunos países se producen e importan grandes cantidades de nitrato de amonio, principalmente para su uso en la minería. Se elabora combinando gas amoniaco con ácido nítrico líquido, que a su vez está hecho de amoniaco.

El nitrato de amonio está clasificado como mercancía peligrosa, y todas las cuestiones relativas a su uso están estrictamente reguladas. La explosión de Beirut demuestra lo importantes que son estas regulaciones.

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Gabriel da Silva, Senior Lecturer in Chemical Engineering, University of Melbourne

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Fuente.: muyinteresante.es