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Columna del LectorUn Español en Alemania

«Echaos una mano entre vosotros»: la carta de un viejo emigrante a uno joven

Alemania, era uno de los países con mayor futuro gracias a su “milagro” económico. Muchos de los españoles venían a trabajar en fábricas con contratos y con seguridad social para sus familias. Vivían en residencias y aunque hablaban poco alemán se acomodaron. Existía un acuerdo conocido como el «Gastarbeiter» (trabajador invitado) que permitía trabajar por un tiempo y permanecer en el país luego de jubilarse, pero también por sus hijos.


Han pasado algo más de siete años y medio desde que José Mateos Mariscal y su familia tuvieron que abandonar su casa en España para buscar un futuro mejor en otro país, Alemania.

Como a tantas otras personas, la crisis económica de 2008 les golpeó e hizo que perdieran todo lo que tenían. Mateos, natural de Zamora, era autónomo y tenía una pequeña empresa de estructuras metálicas para grandes superficies comerciales con 20 operarios a su cargo, a la cual contrataban grandes empresas de todo el Estado.

Todo iba bien, hasta que la empresa quebró y la recesión le obligó a poner todo su patrimonio sobre la mesa. Fue entonces cuando comenzó su pesadilla, así como la de su mujer, María Coral, y sus hijos, Leandro y Yhasmin, en aquel momento de 8 y 12 años respectivamente. «Con 39 años no asimilaba estar en el paro. Tenía un título y había trabajado toda mi vida. Estuvimos cuatro años malviviendo con 360 euros de subsidio que no daban para nada y con problemas con los asistentes sociales», explica Mateos, que tuvo que vivir dos desahucios.


Sé que no es fácil dejar atrás tu casa: yo lo hice en 2013, cuando abandoné Zamora para trabajar en Alemania, y no he podido regresar ni de vacaciones. Muchos españoles lo hicimos entonces, fue duro, pero ahora, guardo buenos recuerdos de aquella experiencia. Y si nosotros, con menos formación, logramos salir adelante, estoy convencido de que tú también lo harás.

Pese a que deberíamos haber progresado con el paso de los años, hay cosas que entonces eran más sencillas.

Pero no solo eso: antes las empresas nos procuraban formación. Durante mis dos primeros años en Alemania trabajé en una agencia temporal. Y daban cursos de integración al idioma en un colegio para que aprendiera alemán. Ahora creo que cada uno tiene que arreglárselas por su cuenta.


Aunque suene contradictorio, hay cosas que han empeorado con el paso de los años. Pero piensa también en aquello que ha mejorado.

Ahora habéis visto mucho mundo. Lo más lejos que yo había ido a los veinticuatro años era Madrid, que está dos horas de Zamora en coche. Por tanto, el contraste va a ser menor para vosotros.

Además, los jóvenes de ahora sabéis muchos idiomas. Yo había escuchado que en Alemania había muchos españoles, por lo que me marché pensando que me alcanzaría con hablar español. ¡Menuda equivocación! Por suerte, al final aprendí lo suficiente para mi trabajo en una agencia temporal donde estuve medio año trabajando mientras me defendía con el idioma y después en la basura en un ayuntamiento donde llevo seis años.

¿Y qué consejos os puedo dar?

Yo os diría que, ante todo, tratéis de ser honrados y ser puntuales en el trabajo.

La puntualidad es un valor y es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, se valora mucho en Alemania, constante en todo lo que hagas.

Luego, también os recomendaría que aprovechéis el tiempo: hoy en día recuerdo con mucho cariño, los paseos en el tren colgado de Wuppertal con mi familia, paseos por los impresionantes bosques alemanes, lagos naturales. Alemania es como una postal, te enamora sus paisajes, pero con mucho frío.

Y en algún momento, aunque sea de forma inesperada, se presentará la posibilidad de regresar. Ahora miro atrás y lo recuerdo con cariño lo mal que lo pasé.

Por supuesto, hubo momentos complicados y muy compilados de llorar por mi entender el idioma de impotencia.

Pero también aprendí muchas cosas que, después de unos años, me alegra haber vivido.

 

Autor: José Mateos Mariscal, emigrante español en Alemania.

Fotografías: Fauxels, Polina Zimmerman, Edward Jenner y Cottonbro