La esclavitud de las aparadoras: cobran 0,60 por un par de sandalias que se venden por 800 euros en el mercado

Andrea Ropero se adentra en Elche, la cuna del calzado, para conocer de cerca las deplorables condiciones de trabajo de las aparadoras, que no llegan a cobrar 600 euros al mes y ni siquiera tienen derecho a paro.

Las aparadoras surgieron en la época de los 60 para poder trabajar desde casa y poder cuidar a sus hijos, lo que trajo consigo deplorables condiciones laborales: sin contratos ni medidas de seguridad, no pueden cobrar ningún tipo de jubilación.

Andrea Ropero se ha trasladado hasta Elche, cuna del negocio del calzado, para conocer de primera mano las condiciones de estas trabajadoras. Las aparadoras dedican hasta 14 horas al día al calzado, no tienen derecho al paro, nadie responde por ellas en caso de accidente laboral y parecen tener la sensación de que si hablan nadie las va a escuchar.

En la localidad de La Romana, Ropero contacta con María Jesús, una aparadora cuyo taller de trabajo es un local debajo de su casa. Por cada par de calzado recibe 60 céntimos, mientras que las empresas lo pueden llegar a cobrar a 800 euros: «Todo son marcas muy conocidas».

María Jesús lleva 35 años trabajando sin contrato a pesar de haberlo pedido: «Me dijeron que no, que no se gana suficiente para hacer contrato», ha asegurado, incidiendo en que, en caso de conseguirlos, son contratos basura: «Ponen que cobras 600 y cobras 400. Todo es un engaño a lo bestia».

María Jesús ha reconocido no saber para quién trabaja: «No conozco a los empresarios, no los he visto en mi vida. Son todo intermediarios; yo creo que no saben ni que la faena está aquí».

Cada día entra por su puerta un intermediario a dejarle los materiales para, al final del día, recoger la faena. Después, al llegar la quincena, cobra. Al mes, si llega, puede ganar 600 euros. «Si te pones enferma no cobras, no tienes paro, no tienes paga, no tienes nada. Esto es así», ha asegurado la trabajadora, que ha insistido en que sólo pide «un salario normal con el que se pueda defender» y no hacer tantas horas para «poder estar con sus hijos». «Que se reconozca que estamos aquí, que nos den lo que nos pertenece, más no», ha espetado.

Andrea Ropero recoge el testimonio de muchas más aparadoras, y la denuncia se repite: trabajar en casa, sin contrato, «por una miseria», y sin derecho a paga o pensión.

 

Fuente.: lasexta.com