La increíble historia de Audrey: Resucita tras un paro cardíaco de seis horas

Los bomberos de la Generalitat de Cataluña, el SEM y el Vall d’Hebron salvan la vida de una mujer con hipotermia que se perdió en la montaña

Gracias al frío. “La misma causa que paró su corazón, la salvó”, resume el doctor Eduard Argudo, miembro del equipo de Medicina Intensiva del Hospital Vall d’Hebron.

Audrey no tiene secuelas, “sólo me falta recuperar la sensibilidad y la movilidad en las manos, pero los doctores confían en que volveré a sentir la punta de los dedos”, cuenta ella misma en una emotiva rueda de prensa en la que se ha reencontrado con el equipo que la rescató.

Esta es su historia. Audrey nació en Inglaterra, pero a los diez años se trasladó con su familia a Sudáfrica. Allí conoció a su marido, Rohan. Hace dos años vinieron a Barcelona, donde Audrey da clases de inglés. “Me encanta vivir en Barcelona y me encanta la montaña”, explica. La primera vez que estuvo en el Himalaya tenía 18 años.

El pasado puente del 1 de noviembre, Rohan y Audrey fueron con unos amigos a La Vall de Núria. El domingo día 3, salieron del refugio a las 7.15 para hacer una excursión entre la Coma de Vaca y Núria, a 2.000 metros de altitud. “Hacía frío, pero las montañas estaban despejadas”, cuenta Rohan, porque Audrey no se acuerda nada de aquel día. Una tormenta de nieve les sorprendió. “No veíamos nada y nos agazapamos bajo una roca para protegernos del fuerte viento que no nos dejaba avanzar. Allí esperamos unas dos o tres horas, hasta que dejó de nevar. Pero el viento seguía soplando muy fuerte. Gateamos sobre la nieve para emprender el regreso a Núria, pero Audrey empezó a decir cosas extrañas, dejó de moverse y quedó inconsciente. Le busqué el pulso, pero no se lo encontré”, rememora un emocionado Rohan, que ya había avisado a sus amigos de que se habían visto sorprendidos por una tormenta de viento y nieve.

A las 13.36, sus amigos, avisaron a los Bomberos de la Generalitat y arranca un dispositivo perfectamente engrasado en el que participan tres cuerpos, bomberos, los Servicios de Emergencias Médicas (SEM) y el equipo de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Vall d’Hebron, cuatro ambulancias, tres helicópteros y una cuarentena de personas que trabajaron con una coordinación admirable. “Una sóla persona no hubiera salvado la vida de Audrey, en situaciones complejas como el trabajo en equipo es vital”, constata el director del SEM, Antoni Encinas. En este punto del relato, Chus Cabañas, el coordinador territorial del SEM en la Cataluña Central, y Pere Serral, miembro de la unidad GRAE (Grupo de Actuaciones Especiales) de los Bomberos de la Generalitat de Cataluña, cogen el relevo de Rohan y prosiguen.

“A las 13.36 horas llega la primera alerta y arranca el dispositivo de búsqueda”, cuenta Cabañas.

Envían a la unidad más cercana (Ripoll y Ribes de Fresser) a la zona del camino de los Enginyers. Y a través del teléfono, los bomberos hablan con Rohan para saber exactamente dónde estan y le dicen que haga friegas a Audrey. Rohan les envía fotos de la zona y los bomberos, que conocen bien el terreno, comprenden que él y Audrey no están en el punto que el GPS dice por whatsapp, en la zona de Fontalba. “En línea recta no están lejos del punto que señala el geolocalizador, pero sobre terreno, hay un valle entre medio”, cuenta Serral, que añade que gracias al conocimiento que tienen de la zona y a la montaña del Puigmal, “nos hacemos una idea de donde están”.

Una hora después del primer aviso, a las 14.38 horas, activan un helicóptero. Hace mal tiempo, pero logran despegar. Llegan a la zona a las 15.05 y veinte minutos después localizan a la pareja. Rohan está en estado de shock y tiene un poco de hipotermia. Audrey está inconsciente, rígida y tras una primera exporación “no le encontramos ningún signo de vida”, explica Serral. De todos modos, empiezan las maniobras de reanimación. No se da por muerta a una persona hasta que recupera la temperatura corporal normal, 37 grados. Audrey estaba a 18 grados. “Esto es una hipotermia en grado cuatro. A esta temperatura el cerebro puede tolerar un paro cardíaco hasta seis horas, un tiempo diez veces superior que a 37 grados. Pero teníamos que ir con cuidado porque cualquier manipulación brusca puede provocar un fallo cardíaco irreversible”, explica Cabañas.

El helicóptero trasladó a Audrey a Campdevànol, donde se conecta a una máquina que le practica las maniobras de reanimación cardiopulmonar de manera ininterrumpida. “Esta es una de las piezas claves en este dispositivo”, dice Cabañas. La otra es el ECMO, una técnica que tiene el Hospital Vall d’Hebron que devuelve el oxígeno a la sangre y la temperatura corporal al paciente.

Pero el helicóptero que tenían en Campdevànol no podía llegar al hospital Vall d’Hebron. Necesitaban el helicóptero nocturno del SEM, que no hace ni tres meses que vuela en Cataluña. Volaron hasta Vic y allí hicieron trasladaron a la paciente en el helicóptero nocturno. A las 17.44 horas, Audrey llegaba al Vall d’Hebron.

En Barcelona, le esperaba el equipo del doctor Argudo. “Estaba a 20,2 grados, fría, sufría hipotermia y no tenía pulso y su corazón tampoco tenía actividad eléctrica”, cuenta Argudo. “Parecía muerta, pero como tenía hipotermia, no tiramos la toalla. La llevamos directamente al quirófano para colocarle las cánulas de la máquina ECMO que hace las funciones del corazón y los pulmones. Extrae la sangre de la paciente, la oxigena, la calienta y la devuelve al organismo. La sangre sale oscura, casi negra y vuelve roja, gracias al oxígeno. Fuimos aumentando la temperatura poco a poco. Tenía un fallo multiorgánico, los pulmones, los riñones ni el corazón respondíán, también tenía el esternón y costillas fracturadas de los masajes cardíacos, pero eso era lo de menos”, recuerda el doctor. “Cuando llegamos a 30 grados, le dimos una descarga eléctrica y su corazón volvió a bombear. Eran las 21.46 horas”, dice. Audrey resucitó después de haber tenido seis horas el corazón parado.

Rohan había bajado en tren con sus amigos y había avisado a los padres de Audrey que cogieron un avión desde Burdeos.

Cuando llegaron al hospital, “ a medianoche”, explica Julie, su madre, los médicos aún no cantaban victoria. “El corazón de Audrey latía muy despacio”, cuenta a “La Razón”, su padre, Graham.

“Lo que más miedo nos daba es que hubiera alguna lesión cerebral”, dice el doctor Argudo. Pero cuando le retiramos la sedación, Audrey habló. “No recordaba nada”, dice ella. “Me sorprendió verme en la habitación de un hospital”, dice. Estuvo seis días en la UCI y seis días más en planta. Salió del hospital por su pie, hace unos días. Hoy ha vuelto para abrazarse con el equipo que la salvó. “Estoy muy emocionada al ver a tanta gente movilizada. Volveré a la montaña, aunque este año sólo iré al Tibidabo”, bromea mientras mira a su doctor.

“El caso de Audrey es excepcional”, admite Argudo, “y nos hace plantearnos un nuevo protocolo de actuación en caso de hipotermia”.

 

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Fuente.: larazon.es